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Alfombra roja para Jaramillo

Colombia, el país de los festivos, las celebraciones y reinados, podría también sumar a su larga lista de denominaciones, el de tierra de premios y condecoraciones. Por: Andrés Forero.
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Alcaldía de Ibagué
4 Mar 2019 - 11:57 COT por Ecos del Combeima

Si en su objetivo está obtener medalla y  pergamino, es suficiente con asegurarse de estar cerca de los afectos o intereses de concejales,  diputados o congresistas.

Hay distinciones para todos los gustos y de todos los niveles, depende el tipo de lobby, si no pregúntenle a Norberto, el reconocido estilista bogotano quien se puso el traje para recibir una de las más selectas órdenes que el Congreso de la República reserva a ilustres personalidades.

Por esa senda de egos y falsos orgullos, también ha hecho tránsito en los últimos tres años el alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo, a quien como en los premios Óscar le han sobrado nominaciones, aunque muchas se han ido al traste, seguramente por culpa de la mala prensa y la oposición de quienes como afirma: no quieren la ciudad.

Un par de meses atrás, los medios oficiales destacaban a Jaramillo como finalista en la puja por ser el mejor alcalde del país en estrategias para la superación de la pobreza extrema, título que no pudo competir con la realidad y la sensatez.

Habría sido un despropósito otorgar ese galardón a un mandatario cuya ciudad para 2017 registraba 18.4 por ciento en el indicador de pobreza, tres puntos por encima del promedio de las 13 principales ciudades capitales, con cifras de desempleo desbordadas y una economía golpeada por medidas administrativas y tributarias que desaceleraron la industria de la construcción y el comercio formal.

Sin embargo, el poder de la lógica no funcionó tan así para el jurado de la Federación Nacional de Prensa que decidió concederle en las últimas horas al doctor Jaramillo el Premio Nacional por la Paz y la Defensa de los Derechos Humanos, sobre el argumento de su aporte a la reconciliación del país y la tranquilidad de la región.

Y es que mírese por donde se le mire, el señor Alcalde representa en sí mismo un antónimo de los motivos por los que fue objeto de exaltación.

Para comenzar, la organización oferente debería considerar que la Fundación para Libertad de Prensa documentó el año anterior más de 18 quejas por el mal trato del mandatario a los medios locales y sus periodistas, en algunos casos incurriendo en prácticas intimidatorias y atentatorias de la libertad de expresión, un derecho reconocido como fundamental universalmente.

Tampoco resulta coherente dar mérito a la reconciliación para quien siembra odios, ofende, divide y ha conseguido con creces distanciar a la institucionalidad de actores fundamentales para el desarrollo de la ciudad.

¿Entonces de cuál paz, de qué derechos y de qué tranquilidad hablamos?

Este falso positivo para la foto, las portadas y los titulares llega en hora buena a la desprestigiada imagen del mandatario y su gobierno, quien dicho sea de paso, en la última semana ha asegurado un título indestronable el de mejor actuación inaugurando obras no terminadas, con efectos especiales tipo Hollywood y hasta burlando las disposiciones legales de las autoridades ambientales.

Como nadie es profeta en su casa, habrá que esperar a ver cuál es el próximo papelón de Jaramillo y quiénes los siguientes desconteztualizados que osen reconocer su obra.

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Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.