Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Opinión
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

De empanadas y otros males

Esta semana las redes sociales se inundaron de mensajes, memes y comentarios, casi todos solidarios con un ciudadano quien al no resistir a una "fritúrica" tentación callejera recibió un comparendo por 800 mil pesos que le impuso un agente de policía. Por: Andrés Forero.
Imagen
Crédito
Internet
4 Mar 2019 - 11:55 COT por Ecos del Combeima

El tema, sin duda, ha dado para todo. Algunas voces reconocidas han cuestionado el que la legislación penalice implacablemente a las fritangueras, pero sea laxa frente a delitos mayores, mientras que otros incluso han querido pescar en río revuelto y darle un tinte político al episodio para responsabilizar al presidente Duque y su gobierno. Nada más absurdo.

En todo caso, este singular hecho sirve para hacer varias reflexiones en torno a esos elementos comunes y particulares que nos caracterizan como sociedad.
El primero de ellos el franco desconocimiento de las normas y el poco respeto que se tiene por la Ley.

Normas absurdas existen muchas en el mundo, sin embargo, cuando existe respeto hacia los principios de autoridad del Estado estas son acatadas como un deber ciudadano.
Solo para citar un ejemplo, desde los año 90 en Singapur está prohibido consumir o intentar ingresar al país goma de mascar, esto por el costo que representaba la limpieza de calles y plazas. Infringir la regla equivale a una multa hasta de 500 dólares, más de un millón y medio de pesos colombianos. Si se es reincidente incluso se puede convertir en un asunto punitivo mayor que se pague con detención.
Y ni hablar de casos más extremos como el de Suiza donde se prohíbe hacer descargas en el sanitario después de las 10 de la noche por la perturbación que esto puede significar a los vecinos.

Sin embargo, en Colombia so pretexto de la defensa de los derechos y las libertades individuales, cada quien hace lo que mejor le parece sin importar si su comportamiento vulnera los derechos del otro.

El código de policía que, dicho sea de paso,  fue sancionado por Juan Manuel Santos, introdujo infracciones más que justas cuando de tratar de poner orden y prevenir alteraciones a la convivencia ciudadana se trata.

Pero claro, debe haber disgusto porque en nuestro limitado nivel de civilización y educación ciudadana o lo que comúnmente conocemos como lógica ´chibchombiana´, no cabe el que un agente de Policía nos multe por compartir los gustos musicales con el vecindario al límite de lo que el volumen del equipo de sonido permita o por miccionar en la calle, a la vista de todos, cuando es una necesidad humana.

Y como se trata de un asunto de educación. Pocas veces a los ciudadanos se les habla de la apropiación y cuidado de lo público, cosa en la que los europeos y norteamericanos nos llevan años de ventaja.

Lo público, incluidos los presupuestos oficiales, son de todos y al ser de todos resultan ser de nadie, por eso su uso indebido se naturalizó en nuestras urbes y para el caso de los espacios callejeros el peatón pareciera ver como algo normal el que deba lanzarse a la calzada vehicular porque las ventas informales convirtieron los andenes en locales al aire libre.

Entonces criticamos la corrupción, nos rasgamos las vestiduras frente a la moral pública, nos hiere el que el fruto de nuestros impuestos se derroche, pero desde la orilla que nos corresponde fomentamos la ilegalidad, porque ocupar el espacio público o comprar en la calle no es algo tan grave, aunque la ley lo sancione.
Se acostumbra a los niños a orinar en cualquier parte y se ve como algo inocente, se toman dos cervezas y van al volante desafiando hasta las leyes de la naturaleza, porque quién se va a dar cuenta y existen 50 mil razones para resolverlo con el oficial de tránsito si es que caemos en un puesto de control.

Así las cosas, el asunto no se reduce al gusto por las empanadas y tiene para ponerlo en términos gastronómicos mucho más ají: es una cuestión de esforzarnos por hacer lo correcto.

No es suficiente cuestionar los ánimos belicistas y generar opinión pública a favor de la paz, si en los aspectos más básicos de la convivencia con el otro fallamos.
Cuánta razón tenía entonces un revolucionario latinoamericano como Benito Juárez al afirmar categóricamente que el respeto al derecho ajeno es la paz.

 

También te puede interesar estas columnas

Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.