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La confianza de los ciudadanos en las instituciones - Primera parte

La confianza en las instituciones es el indicador central del sentimiento de los ciudadanos sobre el sistema político, muestra los avances democráticos y de apertura social en un país, ya que en la medida en que se tenga mayor confianza institucional, los lazos entre los actores más relevantes y la sociedad se vuelven más estrechos y claros. Por: Alba Lucía García S.
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26 Ago 2019 - 11:27 COT por Ecos del Combeima

La confianza determina en gran medida el curso de algunas relaciones en la actualidad. Las sociedades modernas están organizadas de tal forma que las interacciones sociales dependen de las expectativas que se tienen de un actor o institución, es decir, la confianza como construcción social termina influyendo de manera sustancial no solo en la opinión que tiene los individuos respecto a una persona o a un fenómeno en particular, sino en la forma en que estos toman decisiones.

 

Confiar es creer que otros con su actuar o no actuar contribuirán a nuestro bienestar y se abstendrán de causarnos daño. Es un elemento subjetivo que puede trasladarse a las instituciones, por eso confiamos en que una institución hará lo que se cree que debería hacer, o se comportará de la manera que se espera de ella. Es tal la importancia del tema que a diario los ciudadanos estamos valorando las instituciones del sistema a partir de la información y nuestra experiencia, teniendo en cuenta elementos como credibilidad, justicia, competencia o transparencia al momento de calificarlas como confiables o no. Valoramos positivamente las instituciones que no actúan de forma arbitraria o discriminatoria, que no dañan los intereses de los ciudadanos, que tratan a las personas de una forma respetuosa, equitativa y correcta.

La confianza en las instituciones es el indicador central del sentimiento de los ciudadanos sobre el sistema político, muestra los avances democráticos y de apertura social en un país, ya que en la medida en que se tenga mayor confianza institucional, los lazos entre los actores más relevantes y la sociedad se vuelven más estrechos y claros. Es decir, la confianza es importante porque el grado de influencia de ciertos actores en el tejido social se asocia con el grado de confianza que se tiene en ellos, con el grado de respuesta que las personas encuentran en éstos y el tipo de relación que se establece entre ellos. Aquellas instituciones en las que más confiamos pueden ser las que más estén influyendo en las decisiones de carácter social.

En Colombia, según el Latinobarómetro[1] (estudio que mide la confianza), en el último año (2018) los ciudadanos reportan una alta confianza institucional en la Iglesia, algo de confianza en las Fuerzas Armadas y la Policía, y una baja confianza en los Partidos Políticos, el Congreso, el Gobierno, la institución electoral y el Poder Judicial. Esta tendencia se repite en años anteriores como 2015, 2016 y 2017.

Señala el informe que la corrupción ha penetrado las campañas electorales, creando una competencia desleal entre candidatos, además algunos logran financiamiento de dineros ilegales y pese a ello salen elegidos, mientras las personas que juegan dentro de las reglas pierden. La competencia electoral no es siempre vista como un proceso limpio, todo lo contrario, la corrupción ha enlodado su imagen haciéndole perder legitimidad y confianza a las autoridades electorales y a los partidos y movimientos políticos.

Esta desconfianza tan marcada debe ser un campanazo de alerta cuando a la vuelta de un par de semanas asistiremos a un certamen electoral. Como ciudadanos esperamos que quienes aspiran gobernar nuestros territorios, que aquellos que buscan liderar el sector público, respondan a nuestras expectativas y nos devuelvan la confianza perdida. Los partidos políticos tienen una oportunidad para mostrarnos que pueden traducir los intereses de las bases, que sus candidatos han pasado unos filtros mínimos y responden a valores superiores en los que se enmarca la democracia. Es una oportunidad para que los aspirantes se destaquen en una competencia limpia donde priman las ideas, el respeto y donde el ciudadano retome un papel protagónico.

Este es el gran reto para todos los inmersos en el proceso electoral: recuperar la confianza de los ciudadanos. Continuará…

Por: Alba Lucía García S.

Twitter e Instragam: @albaluc1a

Correo: albalu_garcia@hotmail.com

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