Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Opinión
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

Los megaproyectos para Ibagué

El primero de enero de 2020 la ciudad tendrá un nuevo mandatario, con la tarea de priorizar respecto de su programa de gobierno, los megaproyectos que requiere la ciudad. Por: Laura Castro.
Imagen
Crédito
Javier Pérez / Ecos del Combeima
1 Oct 2019 - 10:32 COT por Ecos del Combeima

La administración de Guillermo Alfonso Jaramillo que termina el 31 de diciembre de este año, quedará en deuda con los ibaguereños por el incumplimiento de muchos de sus proyectos y obras de campaña, porque una vez en su mandato y a lo largo de cuatro años, no pudieron ser ejecutadas, unas por ser inviables financieramente y otras por pura falta de liderazgo, gestión y concertación con el sector privado de la ciudad, así como con otros organismos vitales para tal fin.

¿Quiere decir entonces que obras como el tranvía, la nueva central de abastos, el centro de ferias y centro de convenciones, el cable aéreo para los barrios del sur y los parqueaderos públicos, serán proyectos que ni siquiera con APP (alianzas público privadas), podrán ejecutarse?

No se puede pasar por alto la tragedia en que se ha convertido la construcción y reconstrucción de los escenarios deportivos, lo mismo que el  inicio de  por lo menos una o dos grandes obras de infraestructura vial para la ciudad. Los primeros como el resultado de la corrupción de la administración anterior y el segundo como la experiencia  de una traumática y fracasada  agenda conjunta entre la gobernación y la alcaldía 2016-2019. A eso se le puede llamar liderazgo entorpecedor.

El primero de enero de 2020 la ciudad tendrá un nuevo mandatario, con la tarea de priorizar respecto de su programa de gobierno, los megaproyectos que requiere la ciudad. En un reciente foro de  candidatos a la alcaldía se le escuchó decir a uno de ellos,  cuando se hizo referencia a la obtención de recursos para las grandes obras, que la financiación no era un obstáculo, que todo estaba en la visión, gestión y voluntad del alcalde de la ciudad para sacarlos adelante. Sí señor, esa es la respuesta.

Ahí la cereza del pastel. Ibagué pide a gritos hace rato un alcalde visionario, que sepa pararse en la copa del árbol para ver lo que necesita y pasa en la  ciudad, mirar hacia el futuro y tener una mente abierta y creativa al cambio y a la modernidad. Porque encerrado en la manigua de los acontecimientos diarios y enfrascado en asuntos delegables en su equipo de trabajo, se le pasará el tiempo verbalizando y de acción y ejecución nada.

Ibagué necesita un alcalde de  mucha, pero mucha honestidad, con experiencia en la planeación, organización y ejecución del presupuesto municipal, que su  creatividad y buen olfato gerencial, le permitan saber cómo puede obtener y maximizar recursos económicos y  agotar  todas las posibilidades con el ejercicio de las finanzas propias, con el alto gobierno, los organismos multilaterales de crédito y  la cooperación internacional.

En el siglo xxi importa mucho la calidad de vida de los ciudadanos. Para ser sinceros, en Ibagué día a día se deteriora por muchos factores, y el principal de ellos es el desempleo, porque donde no hay ocupación ni para mayores y tampoco para los jóvenes, se están generando  espacios propicios para otros males que impactan directamente la seguridad ciudadana, la informalidad en los negocios y lo peor de todo, que los que no encuentran trabajo, se van acostumbrando a vivir de la solidaridad  y caridad de sus familiares o amigos, aumentando la estadística de las familias disfuncionales y a lo mejor hasta incidiendo en la tasa de suicidios que registra la capital tolimense.

El reto del nuevo alcalde, con los empresarios y todos los ciudadanos será propiciar un ambiente de oportunidades, que se concentre en terminar lo que dejó iniciado el actual mandatario, y concentrarse en uno o dos megaproyectos, viables financieramente.

La esperanza es lo último que se pierde. Siempre decimos, con el futuro alcalde Ibagué cambiará. Mentiras, llevamos más de veinte años y nada que se nos hace el milagrito. ¿Será que el 2020 comienza la era del cambio y la transformación?  Amanecerá y veremos.

 

 

También te puede interesar estas columnas

Entre candidaturas vacías y ciudadanos resignados, la política dejó de ser construcción colectiva para convertirse en espectáculo de bandos enfrentados.

La reciente decisión del Consejo Nacional Electoral de excluir a Iván Cepeda de la consulta del 8 de marzo ha vuelto a desnudar una de las tantas contradicciones del petrismo: las instituciones son válidas solo cuando deciden a su favor.

Más que escoger candidatos, la consulta del 8 de marzo será un termómetro del liderazgo que los colombianos están dispuestos a respaldar en medio de la polarización y la incertidumbre.

Más que repetir “todos son iguales”, el reto ciudadano es informarse, contrastar propuestas y votar con criterio propio como acto de cuidado hacia la sociedad.

De dar voz a las víctimas del conflicto armado, Hollman Morris pasó a dirigir un sistema de medios públicos cuestionado por favorecer la narrativa política del presidente Petro.

Hoy la situación no solo no mejora, sino que se agrava, y la comercialización del arroz se vuelve cada vez más pesada y más injusta para el agricultor tolimense.

Lo divertido es que, en medio de esta contradicción, las “bodegas” de gobierno salen a cobrar la “magnifica” gestión que está generando el resultado tan maravilloso de una tasa de cambio baja.

¡Lo volvió a hacer! El representante a la Cámara, Gerardo Yepes hace méritos para obtener el título de indisciplinado del año al interior del partido Conservador.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.