Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Opinión
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

Ojo con la democracia

Hay que descontaminar las marchas. Hay que evitar que los politiqueros y los vándalos afecten los intereses de quienes protestan legítimamente. Por: Ricardo Ferro.
Imagen
Crédito
Ricardo Ferro
25 Nov 2019 - 10:37 COT por Ecos del Combeima

Hay que descontaminar las marchas. Hay que evitar que los politiqueros y los vándalos afecten los intereses de quienes protestan legítimamente. Por: Ricardo Ferro.

Ese es, sin lugar a dudas, el principal objetivo que tiene nuestro país en materia de protesta social. Porque una cosa es manifestar el inconformismo respecto a un tema y otra muy distinta es atentar contra la integridad de los ciudadanos, atentar contra la fuerza pública, y atentar contra los bienes de los particulares y del Estado. Pero como si esto fuera poco, ahora también tenemos a aquellos politiqueros oportunistas que aprovechan el desorden y el caos,  para acabar con el bien más preciado que tenemos los colombianos después del derecho a la vida: la democracia.

¿Exageración? Por supuesto que no. Es notorio el desespero que denotan algunos líderes políticos a la hora de embestir contra la institución presidencial. Acá hay ex candidatos presidenciales, congresistas y otros líderes ‘otrora’ revolucionarios que vienen aprovechando la situación que está viviendo el país para exacerbar los ánimos y convertir al presidente de la Republica en el enemigo del pueblo.

Una situación bastante compleja para un país como el nuestro, que a pesar de las dificultades que ha atravesado durante más de medio siglo, ha venido reduciendo la brecha y siempre le ha apostado a la institucionalidad.

Los colombianos no nos podemos equivocar. La protesta nos debe llevar a unas mesas de concertación en las cuales se debe avanzar en las soluciones. Pero de ahí a que unos politiqueros que basan su ejercicio de acceso al poder en la nefasta premisa que válida ‘todas las formas de lucha’, traten de utilizar el descontento del pueblo para poner contra las cuerdas, no al Presidente, sino a la institucionalidad, puede terminar siendo una solución muy costosa para el país.

En medio del caos que se está queriendo imponer, que incluye tanto actos vandálicos contra edificaciones públicos y privadas, como también robos a residencias y comercios, y hasta colapso del transporte urbano para generar zozobra colectiva, hay un solo objetivo: llegar al poder. Esos actos no tienen nada que ver con la protesta social, esos actos, en pocas palabras, son ni más ni menos, que la estrategia para deslegitimar al Gobierno no solo frente a quienes protestan, sino frente a quienes no lo hacen, pero que resultan seriamente afectados con todas estas situaciones.

La democracia colombiana está en juego, y solo entre todos la podemos defender.

Adelante el diálogo social y la solución desde la institucionalidad de los problemas que afronta nuestro país; a la cárcel los delincuentes que generan violencia; y a los politiqueros oportunistas el mensaje es un solo: ¡Dejen nuestra democracia en paz!

 

También te puede interesar estas columnas

Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.