Ojo con la democracia
Hay que descontaminar las marchas. Hay que evitar que los politiqueros y los vándalos afecten los intereses de quienes protestan legítimamente. Por: Ricardo Ferro.
Ese es, sin lugar a dudas, el principal objetivo que tiene nuestro país en materia de protesta social. Porque una cosa es manifestar el inconformismo respecto a un tema y otra muy distinta es atentar contra la integridad de los ciudadanos, atentar contra la fuerza pública, y atentar contra los bienes de los particulares y del Estado. Pero como si esto fuera poco, ahora también tenemos a aquellos politiqueros oportunistas que aprovechan el desorden y el caos, para acabar con el bien más preciado que tenemos los colombianos después del derecho a la vida: la democracia.
¿Exageración? Por supuesto que no. Es notorio el desespero que denotan algunos líderes políticos a la hora de embestir contra la institución presidencial. Acá hay ex candidatos presidenciales, congresistas y otros líderes ‘otrora’ revolucionarios que vienen aprovechando la situación que está viviendo el país para exacerbar los ánimos y convertir al presidente de la Republica en el enemigo del pueblo.
Una situación bastante compleja para un país como el nuestro, que a pesar de las dificultades que ha atravesado durante más de medio siglo, ha venido reduciendo la brecha y siempre le ha apostado a la institucionalidad.
Los colombianos no nos podemos equivocar. La protesta nos debe llevar a unas mesas de concertación en las cuales se debe avanzar en las soluciones. Pero de ahí a que unos politiqueros que basan su ejercicio de acceso al poder en la nefasta premisa que válida ‘todas las formas de lucha’, traten de utilizar el descontento del pueblo para poner contra las cuerdas, no al Presidente, sino a la institucionalidad, puede terminar siendo una solución muy costosa para el país.
En medio del caos que se está queriendo imponer, que incluye tanto actos vandálicos contra edificaciones públicos y privadas, como también robos a residencias y comercios, y hasta colapso del transporte urbano para generar zozobra colectiva, hay un solo objetivo: llegar al poder. Esos actos no tienen nada que ver con la protesta social, esos actos, en pocas palabras, son ni más ni menos, que la estrategia para deslegitimar al Gobierno no solo frente a quienes protestan, sino frente a quienes no lo hacen, pero que resultan seriamente afectados con todas estas situaciones.
La democracia colombiana está en juego, y solo entre todos la podemos defender.
Adelante el diálogo social y la solución desde la institucionalidad de los problemas que afronta nuestro país; a la cárcel los delincuentes que generan violencia; y a los politiqueros oportunistas el mensaje es un solo: ¡Dejen nuestra democracia en paz!