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Opinión: El poder de las regiones I

Cada región posee sus ventajas comparativas y se enfoca en sus ventajas competitivas como alternativa de especialización inteligente, el poder delas regiones es y debe ser una alternativa de desarrollo económico sobre la base de construcción de una política económica subregional.
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Ecos del Combeima
5 Feb 2020 - 9:29 COT por Ecos del Combeima

En el siglo XIX, diferentes acontecimientos en Colombia fueron transformando la estructura del estado hasta convertirse en república, primero fue la Gran Colombia (1819 – 1831), la más grande integración que vivió el país en su historia; luego La Nueva Granada (1832 – 1861), época de transición caracterizada por las revoluciones liberales de mitad de siglo, donde el verdadero liberalismo inspirado desde Europa, pregonaba la apertura y productividad industrial en torno a la utilización de la tierra como medio de producción; la Confederación Granadina, corto periodo de apenas 2 años (1862 – 1863), un intento más antes de  conformarse los Estados Unidos de Colombia (1863 – 1886), quizá el momento más ambicioso en un intento fallido por funcionar como conjunto de estados federados  que apenas duró 23 años y se inspiraba en el modelo de los Estados Unidos de Norte América, finalmente se conforma la República de Colombia en 1886 bajo el mandato de Rafael Núñez, esquema político administrativo vigente bajo la centralización política y la descentralización administrativa.

El país convirtió a los departamentos en unidades fronterizas de poderes políticos, las fronteras solo son líneas imaginarias que existen en el mapa político, entre un departamento y otro pueden existir grandes diferencias económicas y presupuestales, que marcan el desarrollo de los pobladores, sin embargo, los ecosistemas ambientales no saben de fronteras, lo que pase aquí o allí afecta todo el entorno sin importar donde está ubicada la línea fronteriza que delimita el territorio. El país se volvió regionalista para ciertas cosas adoptadas y propias de la idiosincrasia del colombiano, como la tradición de los platos típicos, la existencia de licores como por ejemplo el Tapa Roja.

La ley orgánica de ordenamiento territorial, la LOOT – Ley 1454 de 2011, trae consigo la conformación de esquemas asociativos regionales, más exactamente las regiones administrativas de planificación o RAP y en el caso de la región que se encuentre asociada con Bogotá, se denominará RAPE, por ser especial al contener a la ciudad capital del país. Existen varias RAP en el país como los son: Caribe, Eje Cafetero, Pacífico, Orinoquía, la recién conformada Antioquia – Córdoba y en proceso de conformación Amazonia y la región de los Santanderes. Este nuevo mapa nacional, desconocido para la gran mayoría, especialmente para el colombiano de a pie, se abre para los departamentos un abanico de posibilidades de desarrollo en nuevas esferas, que antes no se dimensionaban como una alternativa moderna de administración pública, más aún por el temor de algunos caciques tradicionales quienes por desconocimiento e incapacidad al no entender la figura temen perder el poder político, contenido en la frontera imaginaria del mapa político, impuesto en la mentalidad convergente, con la que nos adoctrinaron desde el colegio.

El poder de una región radica en la posibilidad de realizar grandes proyectos encaminados a mejorar condiciones en diferentes esferas, temas medioambientales como el proyecto de conservación y restauración de paramos que actualmente ejecuta la RAPE, o proyectos como el Plan de Abastecimiento Alimentario que garantiza la seguridad alimentaria y el abastecimiento para algo así como 17 millones de habitantes. Cada región posee sus ventajas comparativas y se enfoca en sus ventajas competitivas como alternativa de especialización inteligente, el poder delas regiones es y debe ser una alternativa de desarrollo económico sobre la base de construcción de una política económica subregional que permita tener mercados interiores comunes diferenciados, más especializados y articulados en torno a las agendas departamentales de competitividad, teniendo siempre como premisa la ciencia la tecnología y la innovación, pero buscando conformar agendas regionales de competitividad  como un nuevo enfoque para visionar en prospectiva otros escenarios  antes imposibles de pensar, pero hoy necesarios para valorar el poder del desarrollo a las regiones.  Definitivamente el país debe construirse desde las regiones, desde la capital no pueden seguir viéndonos con desdén infinito, llego la hora de empezar a construir un nuevo país; el poder regional, los lideres políticos regionales, se abren paso como una nueva expresión política basada en experiencia real y en vivencias tangibles, el país los necesita.

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Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.