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Probabilidades

Han pasado mal contados tres periodos de administraciones municipales desde que los Ibaguereños escuchamos hablar por primera vez del Sistema Estratégico de Transporte Público. Por: Andrés Forero.
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Ecos del Combeima
19 Feb 2020 - 8:20 COT por Ecos del Combeima

Han pasado mal contados tres periodos de administraciones municipales desde que los Ibaguereños escuchamos hablar por primera vez del Sistema Estratégico de Transporte Público. Un proyecto que, hoy, al igual que hace 12 años, se revelaba como la panacea a las necesidades de movilidad en la ciudad.

Trasegaba el gobierno de Jesús María Botero cuando se expuso la iniciativa que incluía rutas troncales, alimentadoras, estaciones, paraderos y busetones dotados de tecnología para el acceso mediante tarjetas inteligentes que pondrían fin a la guerra del centavo. 

Por esos mismos días se contempló la posibilidad de tramitar un Conpes ante el Gobierno nacional; entonces, como ahora, el cuello de botella parecía ser el mecanismo de financiación. 

Vino la transición a la administración de Luis H. Rodríguez y la herencia de su antecesor evolucionó a la Constitución de una empresa única de transporte, (Sitsa), que se fue destiñendo poco a poco, se habló de reestructuración de rutas y otras promesas que se quedaron en eso

El anhelado sistema se redujo a la anaranajada unificación en el color de los automotores, un elemento tan accesorio como la instalación de las primeras piedras en las obras públicas, mientras el esperado Conpes del que ya se hablaba se engavetó. 

Luego fue el turno de Guillermo Alfonso Jaramillo quien en su particular estilo de gobernar ordenó retirar las licencias de operación a varias de las transportadoras filiales de Sitsa que a su juicio no reunían las condiciones y actualizó los estudios técnicos. 

Aunque eso sí, al mismo tiempo, hizo la proeza de rencauchar el tema llevándolo a la agenda del Gobierno nacional, sin dudar incluso en poner en la palestra las dilaciones de la ministra de Transporte, Ángela María Orzoco, que terminó desautorizada por el presidente Duque. 

Con el cambio de gobiernos y tras la reciente visita del Jefe de Estado al Tolima, la esquiva iniciativa emerge de nuevo como canto de ángeles, anuncio sobre el que persisten los vacíos estructurales del pasado. 

Más allá de los discursos emocionales y populistas, el viceministro de transporte Juan Camilo Ostos pintó desde lo técnico una realidad menos optimista, apuntando a un arranque formal del proceso en 2021, ejercicio que tardaría al menos seis años más, tiempo insuficiente para que Duque o Hurtado puedan verlo hecho realidad. 

Quizás más grave que alguno de los dos no logre inaugurarlo, resulta la incertidumbre frente a la procedencia de los recursos y a los mecanismos de cofinanciación o si para entrantes gobiernos es esta realmente una prioridad de inversión. 

Lo último que le podría pasar a Ibagué es repetir la historia e intervenir su infraestructura vial que resulta medianamente funcional para convertirlo en ruinas.

De ser llevado a feliz término, el sistema, sin duda, significaría un cambio en la cultura de los usuarios de transporte público, transformaría el servicio y pondría coto a las mafias que por décadas han pretendido imponer su voluntad sobre los intereses comunes. 

Pero por valioso que sea intentar hacer, antes que quedarse de brazos cruzados, si la vetusta propuesta no sale del pantano en el que está, para echar a rodar, no sería raro que en otros 12 años siga siendo un anuncio, una expectativa, n

con el kilometraje suficiente para convertirse en elefante blanco o los méritos suficientes para ser chatarrizada. 

Para entonces la ciudad habrá crecido y el Sistema Estratégico dejará de ser una solución. 

Mientras algo pasa, que se abran las apuestas para ver qué resulta primero: si el metro de Bogotá o el SETP de Ibagué. 

Amanecerá y veremos. 





 

 

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