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Prendidas las alarmas, por la vida de nuestros héroes

Resulta inevitable pensar cuán frágil es nuestra vida frente al coronavirus. Cuán débiles somos ante esta tempestad en forma de corona que hoy ya se ha cobrado la vida de 115 mil personas en el mundo y contagiado a casi dos millones. Por: Ricardo Ferro.
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Ecos del Combeim
13 Abr 2020 - 14:40 COT por Ecos del Combeima

En Colombia, hay que decirlo, gracias a la pronta respuesta por parte del gobierno nacional, las cifras son muy alentadoras, dentro de lo que se puede llamar alentadoras. Hoy, cerca de 2800 personas en el país están contagiadas, 257 recuperadas y 109 fallecidas.

Sin embargo, aunque para nosotros todas las muertes son igual de importantes y dolorosas, quise aprovechar estas líneas para resaltar dos en especial que me marcaron profundamente. El sábado en la mañana, los colombianos recibíamos la trágica noticia de la muerte del Dr. Carlos Fabián Nieto, el primero médico en perder la vida por culpa del Covid-19 en Colombia.

Al Dr. Nieto, médico de urgencias de la Clínica Colombia en Bogotá, padre de dos hijos y esposo de Paola, se le sumó el sábado en la noche el Dr. William Gutierrez, anestesiólogo e intensivista, coronel retirado del Ejército Nacional, quien falleció el sábado en el Hospital Militar, al no poder superar en la Unidad de Cuidados Intensivos una neumonía asociada al COVID-19.

Dos vidas que se perdieron salvando vidas. Dos vidas que se apagaron al intentar frenéticamente mantener encendidas las de otros. Las de los cientos y cientos de pacientes infectados que a diario llegan a las UCI’s de los hospitales.

Por eso, quiero que esta columna sirva de canal para reiterar el mensaje al gobierno que ya como Bancada suscribimos, para que le exija a las Administradoras de Riesgos Laborales (ARL), las clínicas y los hospitales tanto públicos como privados del país, la total garantía del cumplimiento en el suministro de los elementos básicos de protección, traducidos en equipos de bioseguridad para todo el personal.

Quien iba a pensar que en tamaña tragedia tuviéramos que exigir casi de manera reiterativa, para que nuestros médicos, médicas, enfermeras y en general todo el personal de la salud, dedicados a salvar vida poniendo en riesgo la de ellos, tengan una dotación digna y justa para trabajar. Es lo mínimo que podemos hacer por nuestros héroes. Son sus derechos como trabajadores.

Son ellos al fin y al cabo, los que en su sabiduría han tenido que llevar en sus hombros el dolor de los enfermos, de sus familias y muchas veces el irresponsable y estúpido rechazo de algunas personas en las calles y casas.

 Sabemos que aunque el Covid-19 sea invisible, para nosotros nuestro personal de la salud no lo es y jamás lo será. Y si hoy la batalla contra este mal, la hemos podido aplacar, es en gran parte a la ardua, fiel, desinteresada, valiente y sabia manera de actuar de nuestros médicos y demás miembros del sector salud.

 No queremos ver más noticias desgarradoras como la del Dr. Nieto o la del Dr. Gutierrez. No queremos sentir más la impotencia de verlos caer, sencillamente por no contar con la protección que corresponde.

Son nuestros héroes, como todos aquellos que trabajan día a día fuera de casa, para que todos nosotros podamos permanecer en ella.

Saque de banda: De acuerdo con un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que hay más de 22 mil contagios de COVID-19 entre los trabajadores de la salud en 52 países. La mayoría del personal médico y de enfermería, así como personal de la salud en general, se han infectado en sus lugares de trabajo, pues muchos de estos no cuentan con el equipo básico de protección, como mascarillas, lentes de seguridad, guantes, batas, entre otros.

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Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.