Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Opinión
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

Otra curva para aplanar

Cuando camino por las calles y miro a mi alrededor, no puedo dejar de pensar que, aunque seamos todos parte del mismo planeta, pareciera que cada individuo ha creado su propio mundo, y aunque estemos juntos y seamos parte del mismo ecosistema, pareciera cada vez más lejana la posibilidad de encontrarnos los unos con los otros.
Imagen
Crédito
Ecos del Combeima
7 Jul 2020 - 9:17 COT por Ecos del Combeima

Nos hemos convertido en una sociedad indiferente a la que le cuesta reconocer al semejante, una sociedad en donde pareciera que cada individuo vive de manera egoísta sin pensar en el otro, una sociedad a la que le parece parte del paisaje la violencia, la delincuencia, los abusos sexuales, la indigencia, la politiquería, la miseria, la corrupción… 

Nuestra sociedad está enfermando, como humanos estamos perdiendo nuestra esencia misma, pareciera normal escuchar cómo se roban los recursos públicos, el aumento de los asesinatos, o las cifras de millones de colombianos desterrados o el maltrato contra los animales, o cómo se explotan los recursos naturales destruyendo el equilibrio ambiental. Una sociedad que llora sus muertos, pero que después los olvida.

Las nuevas generaciones están recibiendo como herencia comportamientos mezquinos, en donde sólo importa el culto al yo. Donde aparentar a través de redes sociales reflejos de una vida que no corresponde con la realidad se constituye en práctica habitual en la construcción de esas relaciones sociales virtuales. Observo con preocupación una sociedad cada vez más enajenada y desconectada de su naturaleza comunitaria.

“Hacemos parte de la Sociedad Indiferente. Ciudadanía impasible a lo ajeno. Gente ajena a la gente. Miradas perdidas entre ojos sin nombre. Choque de cuerpos inertes y externos. Olores y sonidos sin dueño. Se nos perdió toda la sensibilidad perpetuamente. Ya no basta con que nos pellizque mi espacio. Ahora hay que acabar con él. Tengo que ser mejor, necesito tener más, sonar más duro, ser más fuerte, comprar más, vestir mejor, sentirme más arriba. En esta sociedad la indiferencia se quiebra para hacer del otro un rival. Y es una realidad mundial indiscutible, pero en nosotros ha penetrado visceralmente hasta convertirse en una cultura”. (LaorejaRoja)

La indiferencia social ha marcado el camino al individualismo e imposibilita ver al otro desde el amor y poder entender ese otro mundo que habita en la gente que nos rodea, y es solo cuando vemos los registros de casos de suicidio ocasionado por trastornos mentales, que entendemos que tan importante es escuchar, dar una palabra un beso o un abrazo. 

Según la organización mundial de la salud (OMS), anualmente fallecen en todo el planeta casi 800.000 personas a consecuencia del suicidio, y esta es la segunda causa principal de muerte entre personas de 15 a 29 años de edad. Las cifras son alarmantes, cada 40 segundos una persona comete un suicido en el mundo y en Colombia, diariamente se suicidan en promedio 7 personas. 

Un trastorno mental o de conducta lo puede padecer cualquier individuo, y en el mundo aproximadamente existen 450 millones de personas que lo padecen. 

Por vergüenza a ser rechazados, discriminados o estigmatizados, los problemas de salud mental han estado ocultos tras una cortina de indiferencia. Quienes padecen esa enorme carga emocional suelen permanecer en soledad negándose la oportunidad de recibir ayuda, incluso en casos donde la vida está en riesgo.  Sin embargo, ha llegado la hora de que salga a la luz esta situación. Las cifras vienen aumentando y son motivo suficiente para exigir la aplicación rigurosa de la política nacional de salud mental. Esta debería mejorar las condiciones humanas y de relacionamiento de los pacientes, reduciendo el sufrimiento y los costos para los individuos y las familias. 

En nuestro país, la salud mental continúa siendo otra cenicienta de las políticas públicas. Es evidente la falta de coherencia entre lo plasmado en las propuestas y lo que ocurre en la realidad, debido a una implementación inadecuada y a la interpretación errónea de una normativa que está lejos de cumplir sus objetivos. Según el Instituto Nacional de Medicina Legal, en el año 2019 se registraron 2.326 muertes por suicidio, esta causa de muerte fue la que tuvo mayor incremento, por encima del homicidio y los accidentes de tránsito.

En lo corrido del año 2020, en el Tolima se han registrado 14 suicidios y alrededor de 179 intentos de suicidio. Ibagué registró durante el año anterior 617 casos de intento de suicidio, sumado a los 39 casos que efectivamente llegaron a consumarse. En Colombia, la capital del Tolima ocupa el cuarto lugar entre las ciudades donde más se presentan suicidios. Un dato funesto que hallé en Google hace referencia a que el puente de la variante ocupa el primer lugar en un listado de sitios elegidos con frecuencia para suicidarse en América del Sur.

A pesar de este panorama tan sombrío, la capital musical de Colombia se convierte en un referente nacional gracias a la acción e iniciativa de más de 200 personas que se congregan en el Colectivo Voluntariado Salud Mental para Todos (Colsame). Su labor está enfocada en prestar primeros auxilios psicológicos, y prevenir el suicidio a través del monitoreo permanente de los pacientes que han identificado.

Post data: Esta columna está dedicada a todas aquellas personas que han salido de su zona de confort, que no son indiferentes a las situaciones que padecen sus semejantes y que se han sumado a la iniciativa ciudadana de unirse a este voluntariado para ayudar a combatir la depresión, la ansiedad y prevenir el suicidio.

A todos estos hombres y mujeres voluntarias mi reconocimiento por emprender una labor tan determinante.
A su fundador y director mi admiración por siempre.
A la memoria de Eduardo Fandiño (Q.E.P.D.).

También te puede interesar estas columnas

Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.