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Opinión: La nueva historia de la UT

La universidad debe seguir avanzando como lo viene haciendo bajo los principios de autonomía, autogobierno, austeridad y trasparencia, hacia al terreno de la virtualidad.
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12 Jul 2020 - 10:38 COT por Ecos del Combeima

Inmensamente de acuerdo con mejorar el esquema de la educación pública en Colombia, un país como el nuestro donde la desigualdad y la inequidad son tan grandes, debe no solo tratar de redistribuir la riqueza, sino de generar acceso al conocimiento, de manera que este sea el vehículo que sirva para el mejoramiento de la calidad de vida de la gente y el desarrollo de las regiones. 

En educación pública superior en el departamento del Tolima hemos avanzado como ningún otro departamento, máxime en materia financiera, en el gobierno que orienté pasamos de tener una universidad con déficit de $24 mil millones a tener cero déficits, lo que nos generó una recuperación financiera total, después de 55 años aumentamos las transferencias del gobierno departamental en más del 147%.

Siempre dije que prefería poner recursos a la educación, que poner recursos para pavimentar una vía, así lo hicimos, adelantamos una revisión administrativa que eliminó burocracia innecesaria, nepotismo y gasto desmedido, firmamos convenios que superaron los $100 mil millones en materia de Ciencia, Tecnología e Innovación, pagamos desde el Gobierno departamental más de 18 mil cupos en educación profesional, se han acreditado varios programas académicos que no lo estaban y estamos muy cerca de la acreditación de alta calidad, lo que nos pondría dentro de los 12 departamentos más competitivos del país.

En el Tolima respecto al país, llevamos una importante ventaja en tratándose de la matricula cero, el gobierno departamental ha hecho todo y más allá. En sus finanzas queda marcada para la eternidad el gran esfuerzo que hicimos, demostrando que le dimos la importancia merecida, a lo que por tanto tiempo para otros solo fue abandono de la educación superior del Tolima, manejada por décadas con irresponsabilidad, politiquería y sin vergüenza. 

La universidad debe seguir avanzando como lo viene haciendo bajo los principios de autonomía, autogobierno, austeridad y trasparencia, hacia al terreno de la virtualidad, destinar fondos específicos para esa apropiación de conocimiento en términos de equipos para sus estudiantes y plataformas eficientes, que permitan que a más alejados lugares y a más tolimenses llegue educación superior pertinente y de alta calidad.

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Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.