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¿Los medios de comunicación en crisis?

El quid del asunto radica en que muchos medios de comunicación no se están limitando a informar, sino que están tomando partido desbalanceando la verdad, contribuyendo a la división y a la confrontación, que resulta ser el combustible del odio que pulula en todas partes, que se acrecienta en redes sociales con un ingrediente peligroso, las “fake news” o noticias falsas. Por: José Adrián Monroy.
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12 Nov 2020 - 7:28 COT por Ecos del Combeima

Hace unos días se anunció la renuncia del director de la Revista Semana, el periodista Ricardo Calderón, quien es considerado uno de los mejores periodistas de investigación del país; en su reemplazo, se designó a Vicky Dávila, también periodista, conocida por sus polémicas posiciones.

Todos estos movimientos al interior de uno de los medios de comunicación más icónicos del país, generó todo tipo de reacciones al interior de la propia revista, provocando la renuncia de  columnistas, editores y periodistas de todas los campos que llevaban décadas laborando allí. Lo anterior, fue producto de un cambio en la composición accionaria de la empresa, que ahora tiene como socio mayoritario a Gabriel Gilinsk.

Por supuesto, todo este trance de la revista semana despertó controversia, por el papel que desempeñan los medios de comunicación en la sociedad, por como se viene manejando la información en un país polarizado como el nuestro y también, por lo que viene sucediendo en Estados Unidos con  ocasión a la campaña presidencial, para poner un ejemplo.

El quid del asunto radica en que muchos medios de comunicación no se están limitando a informar, sino que están tomando partido desbalanceando la verdad, contribuyendo a la división y a la confrontación, que resulta ser el combustible del odio que pulula en todas partes, que se acrecienta en redes sociales con un ingrediente peligroso, las “fake news” o noticias falsas.

Para ser más preciso, se supone que un  medio de comunicación - término que refiere normalmente a aquellos medios que son de carácter masivo, es decir, aquellos que brindan información o contenidos a las masas, como la televisión, la radio, la prensa escrita o virtual y ahora las redes sociales - debe ser neutral, ecuánime, objetivo y equitativo; entonces, se equivoca la dirigencia de la revista semana al designar como su directora, a quien evidentemente está parcializada hacia un sector político en el país. 

Lo mismo pasa en EEUU con la cadena Fox, que resalta y le hace eco a todo lo que tenga que ver con el Presidente Trump, minimiza sus errores y en el peor de los casos los oculta. O como aquí, en donde hay medios que se destacan por su marcada animadversión contra el actual  gobierno y un movimiento político en específico. 

Todo esto me hace preguntar: ¿Están los medios de comunicación atravesando un periodo de crisis?, ¿sucumben los medios ante el poder económico y político?; es triste saber que nos enfrentamos a esa realidad, en donde la información se manipula para favorecer los intereses de unos pocos. Es habitual ver en el mundo como los dueños de grandes capitales compran medios de comunicación, no por negocio, sino para tener en sus manos eso que aquí denominan: “el cuarto poder”.

Tienen desde los medios de comunicación el compromiso de informar con veracidad, ese es su gran aporte para la construcción de una mejor sociedad, de lo contrario, seguiremos inmersos en ese fango de mentiras ocultas y verdades a medias.

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Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.