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Papa: primer paso para la tecnificación del campo colombiano

La crisis agrícola del sector papicultor ha tocado las fibras nacionales en un momento de crisis profunda en la economía.
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6 Dic 2020 - 8:26 COT por Ecos del Combeima

Ver como campesinos tuvieron que vender a preciso de regalo llegando a los $10.000 en las calles de las principales ciudades y en los peajes de Cundinamarca y Boyacá, tocó la sensibilidad social de los colombianos a través de los reportajes de los medios, entregando buenos resultados económicos materializados en la primera semana de ventas programadas en conjunto por las gobernaciones de los departamentos mencionados y la alcaldía de Bogotá y como consecuencia de ello, los agricultores tuvieron ganancias superiores a los dos mil millones de pesos en el puente del 16 de noviembre. 

Hay muchos mitos y muchos falsos diagnósticos sobre el problema de la papa que aún siguen como las leyendas de la tradición oral o los textos de Homero en la Grecia antigua repitiéndose casi que de memoria en los medios de comunicación masiva. Uno de ellos es que las variedades de papa colombianas no se pueden utilizar para las papas congeladas y precocidas tanto para uso doméstico como para uso comercial en diferentes preparaciones de comidas rápidas. Otro también es el abandono total del campesino que es visto por las empresas grandes solamente como un proveedor de bajo costo y que su trabajo es subvalorado y pasa por la explotación. Y otro aspecto no menos importante pero invisibilizado por descuido o conveniencia es que muchos gremios comerciales y económicos han tenido siempre el lastre de la corrupción encima, lo cual desnaturaliza sus funciones, reduce sus afiliados y por lo tanto su prestigio social y voz para defender los intereses de sus agremiados. 

La Federación Nacional de Papa, desafortunadamente en el pasado reciente no se ha salvado de esa situación. ¿Quién pierde entre desinformación, gerencia gremial deficiente y malos diagnósticos? El productor y el consumidor. En esa dinámica, es natural que lleguen cargamentos de papa de España, Bélgica y Países Bajos a las grandes superficies y a restaurantes de autor. 

El diagnóstico correcto es convertir al pequeño y mediano productor en empresario y transformador de un producto con valor agregado y calidad –y eso así no le guste a ciertos políticos que critican a la alcaldesa de Bogotá por comprar papas empacadas y limpias, es precisamente a lo que deben llegar todos nuestros campesinos, ya que su trabajo cobra más valor no solamente económico sino social- y eso empieza con disponer de forma individual a través del crédito o capital semilla de una maquinaria básica de limpieza y procesamiento o colectivas como ha hecho desde hace dos años la Gobernación de Boyacá, y para ello, deben operativizar y funcionar con una mayor articulación con los Bancos de Semillas de las Corporaciones Autónomas Regionales, con las Unidades municipales de asistencia técnica agropecuaria, más conocidas como UMATAS para articularse incluso por subregiones o provincias –ya que hay municipios que por temas de recursos no tienen UMATAS- para tener espacios, horarios y organización de los productores por organizados e independientes, por ubicación geográfica y nivel de producción. 

Por último, los estudios de administración agropecuaria por ciclos del técnico al profesional que existe en universidades públicas como la UNAD o la UPTC son claves para capacitar a los campesinos más jóvenes en ser la voz académica, gerencial y del orden de estos negocios comunitarios y familiares. Lo anterior complementado con cursos y diplomados específicos de manejo de tecnología, sistemas, big data, aplicaciones, inteligencia artificial y marketing digital para la construcción de nuevos canales de información atractivos y dinámicos para la papa y también para otros productos agrícolas. 

¿Quién tiene la razón en el diagnóstico?

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Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

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