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La salud es la mejor inversión ¿y el mejor mercado?

A nivel mundial uno de los mercados más fortalecidos es la salud y el bienestar, lo que no solamente será un agente dinamizador de la reactivación económica, sino un cambio ético social.
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13 Dic 2020 - 8:32 COT por Ecos del Combeima

En el caso colombiano, desde hace cuatro años ante la crisis económica del área de los hidrocarburos que ha golpeado muchas regiones productoras, hubo un gran interés por parte de las entidades económicas y de banca de desarrollo en promover la diversificación del emprendimiento, inversión y fomento de cadenas productivas hacia otros espacios más allá de las economías extractivas y de generación energética. 

Entre muchos de esos sectores, uno de los más importantes es la industria de la salud. En un estudio realizado en 2016 por The Economist Intelligence (EIU) proyectaba a Colombia entre los mejores cuatro países de América Latina para la inversión en la industria de la salud y el bienestar junto a Brasil, México y Chile. 

Así las cosas, la dinámica actual no exclusivamente del Estado en que las economías locales han quedado golpeadas por el Covid-19, sino por los cambios geopolíticos abruptos y que ponen en riesgo la confianza inversionista debido a la inestabilidad jurídica y política –como evidencian los escenarios a partir de la constituyente de Chile y la crisis actual de gobierno en Perú-, dicho ranking puede cambiar drásticamente conservando a Colombia dentro de él. 

La gestión de la pandemia no ha sido perfecta por parte de ningún país del mundo. Es lógico, nadie sabía que iba a suceder. Contrario sensu, independientemente de los recursos o infraestructura de los países había acciones rápidas sanitarias, económicas y de orden público que podrían prevenir y mitigar el impacto. 

Por su puesto, un país con un gobierno estable, con credibilidad y gran infraestructura debería ser una ventaja, sin embargo, la alta mortalidad en los estados de Europa occidental altamente desarrollados como España, Italia, Francia y Suecia –sumada a la de Estados Unidos que es de lejos la mayor del mundo- frente a las bajas tasas de contagios en países en vías de desarrollo del centro y sur de África rompe por completo este supuesto –o prejuicio según se quiera ver-. 

Lo anterior, hace que la consciencia creada en los individuos de la importancia de invertir en salud, no singularmente por parte de la administración en el mejoramiento del sistema de salud y asistencia social, sino de las personas previniendo enfermedades a través hábitos saludables de vida familiar, social y laboral; esto unido a la buena alimentación, el consumo de vitaminas, minerales y elementos vitales. 
Por primera vez se ha realizado un debate profundo al modelo de trabajo excesivo que recorta el tiempo de calidad de los trabajadores de todos los niveles y deshace el contacto de las familias y su tejido social interno. 

Estos fenómenos, no son únicamente dilemas éticos, son necesidades de mercado, y para toda necesidad de un mercado el ingenio humano crea un producto o un servicio. 
La salud y el bienestar sin duda son caminos a la reactivación económica y al desarrollo científico no solo de Colombia, sino de la región al permitir que la investigación y la educación se conecten de forma interdisciplinaria con los menesteres reales.

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Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.