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Nos siguen matando

Nos hemos convertido en una sociedad tan indolente, que enterarnos de una muerte a causa de la violencia ya no nos inmuta. Por: José Adrián Monroy.
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14 Ene 2021 - 13:06 COT por Ecos del Combeima

Estamos tan acostumbrados a eso, que cuando en las noticias se habla de masacres de líderes sociales, indígenas o mujeres, se escuchan comentarios como: “solo mataron a tres”, como si una sola vida perdida no valiera la pena. 

Según la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos en Colombia, en el 2020 se documentaron 66 masacres, en las que 255 personas fueron asesinadas en 18 departamentos del país. Además, reportó el asesinato de 120 defensores de derechos humanos. Desde la firma del Acuerdo de Paz en noviembre de 2016, la Misión de Verificación de la ONU en Colombia también ha documentado 244 asesinatos de excombatientes de las FARC. A su vez, el Instituto de Estudios Para el Desarrollo y La Paz  INDEPAZ, informó que 381 personas fueron asesinadas en 91 masacres perpetradas en el 2020.

El origen, las causas y la responsabilidad de todas estas muertes están sobre diagnosticadas: son las bandas criminales, las estructuras del narcotráfico, las  disidencias de las FARC, las mafias de minería ilegal del oro y del contrabando, pero no existe una política efectiva por parte del gobierno a nacional para que se frene de tajo esta situación.  Después de cada masacre, se hace el respectivo consejo extraordinario de seguridad y se  militariza la zona por algún tiempo y de ahí no pasa. 

La presencia del Estado no deber sólo con las fuerzas armadas. La violencia está escalando todos los días, produciendo pérdida de vidas humanas, desplazamiento y desarraigo, abandono de las actividades productivas en esas regiones incluyendo el Tolima, es más,  recientemente fue asesinado un líder ambiental del municipio de Roncesvalles.

El Gobierno del Presidente Duque  y el partido de gobierno, no  pueden continuar culpando de esta grave situación al ex presidente Santos y al proceso de Paz. Tienen que actuar de forma inmediata e integral. Pues No creo que, como lo afirman ciertos sectores de la extrema izquierda colombiana, sea una acción sistemática del Estado o que existen fuerzas oscuras representadas en una extrema derecha, que quieran repetir la  historia de la  extinta UP.

Se deben tomar medidas más sólidas y mucho más  eficaces  para proteger a la población de esta horrenda violencia que nos consume. El Estado tiene la obligación de ejercer su soberanía por todo el territorio nacional e implementando públicas integrales que beneficien a las comunidades más afectadas  con soluciones transversales, brindando una adecuada prestación servicios públicos y saneamiento básico, salud, educación y por supuesto, salvaguardando los derechos fundamentales de todos. 

Nota: Ni hablar de las situación de las mujeres; en 13 días de este año ya se registran 13 mujeres asesinadas, tres de ellas menores de edad. Una mujer muerta por día.

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Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.