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Reforma, impuestos y desigualdad

Sin lugar a duda, una de las mejores prácticas que utilizan los gobiernos para recaudar dinero son las llamadas reformas tributarias, reformas que en su mayoría de veces afectan a la población más pobre de este país, y que cada año trae consigo mayor desigualdad social. Por: Adriana Avilés.
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15 Abr 2021 - 10:00 COT por Ecos del Combeima

Existen reformas que aun siendo necesarias todavía no se implementan, pareciera que los intereses de los pocos dueños que tienen concentradas grandes extensiones de tierra y baja productividad agrícola, estuvieran por encima del bienestar general, ejemplo de esto es la Reforma Rural Integral (RRI) concertada en el marco de los acuerdos de paz. 

A puertas de culminar la presidencia de la república, el actual gobierno en vez de liderar políticas para el desarrollo rural se ha dedicado a criticar el Acuerdo de Paz, a desprestigiar la JEP y a defender el uso del glifosato. ¿Será que  los problemas del campo no son su prioridad en la agenda gubernamental porque las personas que lo rodean tienen una estrecha relación con el status quo rural ?.

En Colombia se aproxima una tercera reforma tributaria en el periodo presidencial de Iván Duque bautizada “Ley de Solidaridad Sostenible”. En donde se busca recaudar $26,1 billones, es decir 2,2% del PIB, aumentando el IVA, renta a personas naturales y renta a personas jurídicas y todo esto según el ministro de hacienda se hace con el fin de garantizar un ingreso a los hogares que hoy se encuentran en situación de pobreza o pobreza extrema. ¿Le podemos creer al Ministro?. 

El 2020 será recordado por la pandemia y el 2021 por el año de los impuestos...Impuestos a alimentos de la canasta familiar, impuestos a las personas naturales, mayor impuesto a las personas jurídicas, impuesto al patrimonio, impuesto a pensiones, impuestos…Y el mensaje del gobierno nacional es Solidaridad Sostenible, solidaridad para con los hombres y mujeres de este país que cada día despiertan sin tener un pan en la mesa para sus hijos mientras la primera dama de la naciòn utiliza el aviòn presidencial para viajar de una ciudad a otra solo para cambiarse el vestido, entonces ¿De cuàl solidaridad y austeridad económica nos hablan? 

Y ahora, ¿quién podrá ayudar a las familias más pobres de Colombia?.
¿Los congresistas? que este año tuvieron un aumento salarial de $1′676.000 pesos, osea pasaron de ganar $32'741.000 a $34'417.000 pesos, y algunos de ellos y ellas  ni siquiera asisten a debates ni presentan proyectos de Ley, congresistas que  todavía siguen en confinamiento y han olvidado a  las comunidades que los eligieron  y solo aparecen para figurar…o al pueblo lo defenderá  los dirigentes políticos que en lugar de pensar en las próximas generaciones piensan en las próximas elecciones. 

Con todo esto, Colombia sigue siendo uno de los países del mundo con las peores distribuciones del ingreso, aumenta la desigualdad y el número de personas que viven en condiciones de pobreza monetaria extrema aumentó en un alarmante 18,4 % en 2019 y los ingresos de los 10 millones de colombianos más pobres se redujeron más de 6 por ciento. Mientras tanto, los ingresos de los 10 millones más ricos siguieron aumentando. 

“El problema es que la desigualdad no es sólo éticamente reprobable sino mala para la eficiencia económica y para la democracia. A mayor concentración de riqueza, mayor concentración de poder político que a su vez permite diseñar las reglas del juego en favor de los poderosos, socavando el principio democrático. Cuando el éxito depende más de la riqueza heredada que de la trabajada, se adormecen los incentivos económicos”. Clara López.

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Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.