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Gratitud

Cuando miran hacia abajo desde el pedestal del poder o de la pirámide laboral en la que se encuentran, se creen su propia mentira de que están allí gracias al “yoismo”: YO lo logré, estoy aquí porque YO tengo las capacidades, YO soy el mejor o YO lo hice. Por: José Adrián Monroy.
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29 Jul 2021 - 8:14 COT por Ecos del Combeima

Marco Tulio Cicerón, jurista, político y filósofo romano, dijo la siguiente frase: “Tal vez la gratitud no sea la virtud más importante, pero sí es la madre de todas las demás”.

El hombre es un ser social por naturaleza, decía Aristóteles, eso quiere decir que necesita de los demás para poder crecer, desarrollarse, cum-plir con sus metas y objetivos, ya que para llegar lejos no se puede an-dar solo. Por desgracia nuestra sociedad es cada vez más materialista, solamente se quiere pensar y vivir en el ya y en el ahora; rindiéndole culto al egoísmo que se enfoca en mirar a los demás como un objeto que se puede utilizar a su conveniencia.

Eso sucede en el ejercicio profesional, empresarial o de la política; por cuanto quienes logran alcanzar sus propósitos, llegando a cargos de gran importancia a nivel ejecutivo, de elección popular en corporaciones públicas o unipersonales, se olvidan de los que les dieron la mano, les abrieron la puerta o los impulsaron para poder llegar a donde están. 

Bajo estas circunstancias, resulta siendo en la política donde se pone en evidencia esas actitudes que terminan siendo el reflejo de las mise-rias del alma y se ve el extremo vicioso de la ingratitud. Puesto que, no solamente no agradecen ni reconocen por quien o por quienes logran éxito en sus aspiraciones personales, sino que, además, se convierten en enemigos de aquellos que fueron determinantes en sus carreras.

Entonces, cuando miran hacia abajo desde el pedestal del poder o de la pirámide laboral en la que se encuentran, se creen su propia mentira de que están allí gracias al “yoismo”: YO lo logré, estoy aquí porque YO tengo las capacidades, YO soy el mejor o YO lo hice.

Siempre he dicho que quien es desagradecido tiene todos los defectos, pues quien no agradece no es solidario, es egoísta, reconroso y por en-de desleal. Esa es la razón por la que es necesario rescatar el valor de la gratitud y el agradecimiento. 

Ser grato nos hace más humanos. Por eso hay que agradecerle a Dios por todo, a nuestros padres por nuestra crianza, formación y por asistir-nos siendo niños, cuando no podíamos valernos por nosotros mismos; le debemos gratitud a nuestros profesores, a los del colegio y la univer-sidad, porque ellos afianzaron en nosotros esos principios y valores que nos sembraron en casa, y en general, a todo aquel que en cualquier etapa de la vida nos sirve, nos apoya, nos brinda una oportunidad y nos ayuda a avanzar.

Simplemente el hecho de estar vivos en medio de todo lo qué pasa en el mundo, es un motivo más que suficiente para agradecer.

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