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¿Se siente seguro en Ibagué?

Hurtos a comercio, personas y ciclistas hacen que la ciudad pierda confianza en su intento por reactivarse.
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6 Ago 2021 - 8:23 COT por Ecos del Combeima

Basta con pensar cuánto tiempo transcurrió para que sectores económicos como el gastronómico, turismo, comercio, entre otros, tuvieran luz verde tras las restricciones de la pandemia y del paro nacional, para que ahora la inseguridad opaque el verdadero inicio de la recuperación. 

Mucha razón hay en el descontento que tienen los gobernantes locales con la policía por el incremento de la inseguridad en Ibagué.  Esta problemática no solo es cuestión de titulares en la prensa, los ciudadanos estamos siendo testigos a diario cuando los delincuentes llegan a un restaurante no solo para arrebatar el dinero de los comerciantes sino también las pertenencias de los clientes. 

De acuerdo al último informe de Ibagué Cómo Vamos, la ciudad pasó de 2.298 hurtos a personas en el año 2015 a 4.228 en el 2019. En el sector comercio la cifra pasó de 466 a 855 hurtos en el mismo periodo.

Lo cierto es que la ciudadanía en general no siente la confianza suficiente para activar el consumo como muchos lo esperaban. Así mismo, la empresa privada que tiene en “stand by” su llegada a Ibagué, seguramente tendrá en cuenta la percepción ciudadana y las cifras que ponen en evidencia que durante los últimos cuatro años el plan de acción ‘Lucha frontal contra la delincuencia y el microtráfico’, no está funcionando. 

Es lamentable que el sector empresarial, con el impacto social que genera y que tanto ha sufrido los efectos adversos  de la pandemia, esté pagando tan cara la inseguridad de la ciudad.

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Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.