Hoy será distinto
Hoy será distinto. Llevo once horas en mi solar natal. Trabajé en la mañana en el centro. Se habla solo de fútbol. Nadie niega que el Cali es un rival muy duro. Perder está en las opciones. Y nadie lo ve como un drama. Si los dioses del fútbol nos hacen comer polvo en nuestra casa no habrá reproches. Habrá aplausos para Torres, Camargo y sus muchachos. Qué año! Dos finales. Una estrella y de pronto dos.
En el parqueadero de la diez con cuarta hablé veinte minutos con el encargado. Hincha furibundo, dueño del banderín que adorna este post. La semifinal de la libertadores de 1982! Nuestro mayor logro por años. El le bordó dos estrellas. Me confesó que no ha tenido tiempo de hacer la tercera y que espera bordar dos el jueves. Dios lo oiga!
Los chats del colegio y la gallada no paran. Fe y fe. Y cero triunfalismo. Los amigos futboleros de todas partes solo me mandan buena vibra. Saben lo que se siente. Y quieren y respetan a mi Tolimita. Si Tolimita. A diferencia de mi amigo Cruz, no lo siento peyorativo. Es un apelativo amoroso. Ese equipo de la cola que hizo dos subcapeonatos cuando la mafia y los narcodolares mandaban en el torneo se hizo querer de todos. Y así sigue siendo mayoritariamente. Ganarle una estrella a Nacional en Medellin y una a Millos en Bta deja heridas que no sanan fácil.
Y es que en casa hijueputa! En una ciudad que pocas alegrías vive por cuenta de una clase política indolente y corrupta. El equipo nos une. Solo vino tinto y oro en las calles. En las tiendas, los taxis, la casas. El técnico jugó en ese glorioso Kokoriko que por un año dejó de ser Tolimita. A sus veinte años Hernàn Torres fue nuestro Cuesta. Tuvo que remplazar a Quintabani, mi ídolo de siempre, en un octogonal final. Le costó. Le dolió. Se comió varios goles. Quiere el desquite. Es Simoniano, como yo. Sabe que si la vida nos vence al colegio le hicimos traición. Sabe que mañana puede ser un Dios en su casa, en su barrio, porque La Francia es ahí. Se lo merece. Pero el fútbol no come de eso. El Brasil del 82, el mejor combo que he visto, no llegó a semis. Todo puede pasar.
No creo que duerma bien. Me doy consuelo con mi frase de combate de siempre “otra final” El poderoso Cali y sus hinchas intranquilos, porque Tolimita los puede atender. No pudieron allá. Y acá vamos a dejar el alma. Eso me basta. Mentiras. Quiero ser campeón en Ibagué.
Hoy debo llegar más temprano que nunca. Pablo es del Murillo desde los cinco años. Pero Miranda no. La mamá me la trató de “torcer” con el cuento de que es bogotana. Si, lo confieso, tuvo camiseta de Millos. Poco se la puso. Su corazón se tiñó de vinotinto y oro. Y eso NO se quita. Ya lo vio campeón. Y ya sufrió. En El Campin contra Millos supo lo que es sentarse a apretar con una camiseta vinotinto escondida debajo de una mentirosa chompa azul. Ya sabe lo que es celebrar un empate que nos metió en la final con solo una mirada. Porque se volvió delito ir a ver a nuestro equipo cuando juega de visita. Qué locura.
Cuando me vio el lunes comprando boletas me dijo “pa yo quiero ir” mi felicidad no es descriptible. Acá està, a mi lado, igual de ansiosa que Pablo y yo. No ha ido al Coloso de la 37. No sabe lo que es entrar a esa “esquina del barrio” a saludar a los de siempre. Comprar la lechona y subir a cantar El Bunde con el alma. Todavía se asusta en las montoneras de estadio. Solo ha ido dos veces en Bogotá. Toca llegar temprano.
Soy de agüeros y de premoniciones. Esta final se atravesó y me puso a cantar rancheras en los cincuenta de un amigo de toda la vida. Compañeros desde kinder hasta sexto de bachillerato. Futbolero. Calidozo. Capitán del equipo con el que fuimos subcampeones Inter colegiados de micro con mi San Simón del alma. Con el, en Todeportes de la segunda con trece, del señor Gordillo, compré mi primer balón de verdad. Estábamos en cuarto de primaria. 1981. Kokoriko hacía de las suyas. Un kick off, un clásico. Lo estrenamos en el garaje de mi casa en la once. El era Del Rio. Yo Quintabani. Ya son las doce. Seguimos cantando. Escribí en las notas del celular por ratos. Mañana no serÁ distinto.
Hoy serà distinto! Miranda, Pablo y Yo en el Murillo. Con los de siempre. Con chance real de dar la vuelta. Ojalá haya lágrimas de alegría. Y si no, si nos toca morder polvo, vale huevo. “Jugamos otra final” y con Tolima se goza sufriendo y se sufre gozando.
Ya los tres lo vimos salir campeón. Los tres nos podemos ir tranquilos de este mundo. Pero me amanecí con Garrido el Del Rio, que hoy es el agrónomo del Murillo y lo tiene como un tapete. Y Morales estA arriba haciendo fuerza. Como cuando íbamos con Don Julio y Héctor. Vamos Tolima!!! Vamos por la cuarta que se puede ser más feliz!