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Políticos buscan el voto joven por el camino equivocado

La deuda de la clase política colombiana con los jóvenes es muy alta. Para ponerse al día con ellos, más que propuestas “sonoras”, se requiere un verdadero interés en construir una relación de confianza
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23 Ene 2022 - 9:40 COT por Ecos del Combeima

Una de las razones más importantes que motivan el descontento juvenil con el aparato político colombiano es el rechazo a entablar relaciones clientelistas para acceder a un cargo, trabajar con una organización política y recibir un aval.

La última Encuesta de Cultura Política del Dane reveló que el 48,2% de los jóvenes se sienten insatisfechos con la democracia en Colombia. Entre más conectados estén, mayor es la desconfianza ante los candidatos y los partidos, debido a la posibilidad que tienen de investigar, comparar e inferir sobre sus preferencias.

Para algunos partidos políticos resulta fácil indagar - en época electoral - sobre los intereses de los jóvenes y lanzar de repente propuestas relacionadas con la protección del medio ambiente, los animales y el respeto por las libertades; olvidando que para ellos lo más importante es la coherencia con los hechos que pueda llegar a tener un candidato durante años atrás y no solo en campaña.

Es por esto que los jóvenes no se sienten bien representados, y además, sienten que las instituciones visibles de las regiones no responden a sus expectativas debido al papel electoral que ocupan, dejando en un segundo plano el motivo para el cual fueron creadas.

La deuda de la clase política colombiana con los jóvenes es muy alta.  Para ponerse al día con ellos, más que propuestas “sonoras”, se requiere un verdadero interés en construir una relación de confianza con una generación endeudada con créditos educativos, que tiene la tasa de desempleo más alta y con pocas oportunidades con el estado.

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Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.