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Cesó la “horrible” campaña

Ahora en adelante, el discurso que cuenta no es el de la ilusión, es el de los resultados. No habrá palabras sugestivas que valgan.
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21 Jun 2022 - 11:09 COT por Ecos del Combeima

Una acostumbrada sensación de cambio, expectativa por los nombres de los ministros que estarán al frente de las carteras más importantes del gobierno y un discurso emotivo que nuevamente promete unir al país, así cerró la noche del domingo 19 de junio.

Con 11.281.013 votos Gustavo Petro es el nuevo Presidente de Colombia. Rodolfo Hernández con 10.580.412 deja en evidencia que cerca de la mitad de los colombianos que sufragaron encarnan otra idea de país, que también votaron a conciencia y que por supuesto, también quieren cambios.

En esta oportunidad los colombianos pudimos ver las entrañas de las campañas presidenciales. Situaciones grotescas y vergonzosas que desnudaron, no solo una sed inconmensurable de poder, sino también las debilidades de los equipos estratégicos. 

Las filtraciones dejaron problemas de coherencia y heridas de reputación: cambios abruptos en el discurso sobre ideales del modelo económico, adhesiones de políticos a los que meses atrás pensaban “destruir - difamar”, prácticas sucias y clientelistas cómo perdonar a delincuentes que en el discurso cuestionan con rigor. La contienda fue reñida. 11 millones de colombianos sienten que ganaron y los otros 10 millones harán parte de una oposición que conformará un ideal de candidato. Una gran carga de significado que debe empezar a traducirse y que jugará  un papel decisivo en los próximos tres años cuando inicie la nueva campaña.

El gobernante electo tiene en sus manos la oportunidad de gobernar de verdad para todos. Ejecutar sobre escenarios reales de estado y abandonar el discurso de candidato que genera éxtasis sin límites de promesas. Uribe desaparece del argumento.  Los 10 millones de votos por Rodolfo son una importante porción de colombianos que abogan porque la estructura democrática del estado que hoy titula a Petro  “presidente electo”, se mantenga. Es necesaria la separación de poderes, la escucha a expertos que cuestionan ideas populistas de asistencialismo, políticas equitativas para las industrias que dependen de las importaciones y para las empresas que transan en bolsa. 

Ahora en adelante, el discurso que cuenta no es el de la ilusión, es el de los resultados. No habrán palabras sugestivas que valgan. Serán también los números que no mienten. De lo contrario, volvería a gobernar la derecha o seguramente miraremos ante una propuesta que no nos ilusione, sino que nos aterrice como la hace el centro, sin éxtasis pero con verdad.

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Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.