Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Opinión
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

Seguridad Democrática

Cualquier gobierno de cualquier país, por muy extrema que sea su ideología, no puede despreciar la gobernabilidad que permite una acertada política de seguridad.
Imagen
Crédito
Javier Pérez / Ecos del Combeima
30 Abr 2023 - 8:05 COT por Ecos del Combeima

Y no es, solamente una máxima impuesta por el expresidente Uribe como su política gubernamental en materia de seguridad, es el ADN de una buena democracia y la esencia para desarrollo socioeconómico de un país, y de sus regiones. La seguridad democrática es como la sal, solamente se nota cuando no está, y por ello, cuando el campo o la ciudad está huérfana de seguridad, se le marchita la esperanza y le llega la desesperación.

Cualquier gobierno de cualquier país, por muy extrema que sea su ideología y su capacidad para manejar los asuntos públicos, no puede despreciar la gobernabilidad que permite una acertada política de seguridad, que suele ser, mas importante e indispensable de lo que se percibe, porque sin ella, no es viable ningún plan, ningún cambio y ninguna democracia. El apellido de la seguridad puede ser democrática, humana, ambiental, social, laboral, económica, paz total, en fin, como se quiera; pero sin seguridad no hay presente, ni sistema político que aguante. 

En Colombia la inseguridad, ha sido permanente dolor de cabeza de mandatarios a todo nivel, y no es para menos, por sus propias características y razones, y también porque su evaluación se hace desde la ¨injusta percepción¨, porque muchas veces los resultados son unos, y la percepción es otra.  En seguridad cualquier esfuerzo es poco, mas bien pareciera una carrera atlética de fondo y de postas, pero además con obstáculos; donde cada cuatro años el turno de recibir la posta (testigo) como le llaman los atletas, le corresponde a otro continuar haciendo su mayor esfuerzo por mejorarla.

En la actual política de seguridad, que acompaña la búsqueda de una pacificación total, podría neutralizar grupos armados para someterlos a la justica, y ello podría diezmar el crimen organizado y también el tráfico de drogas en los centros poblados del país, pero muy poco impactaría en la delincuencia común, que es básicamente lo que viene azotando nuestras comunidades y generando zozobra en casi todas las ciudades.

Para darle a la seguridad la importancia que tiene, lo primero que toca hacer, es dejar la indiferencia ciudadana y acompañar la institucionalidad. La solidaridad ciudadana no es solamente una parte, es la esencia de una política pública de seguridad.  Así que toca tomar precauciones personales y denunciar situaciones que alteren o puedan alterar la tranquilidad ciudadana.

En nuestra región cafetera, la percepción de inseguridad es menor que Bogotá-Cundinamarca, donde la mitad de su población la percibe como insegura; o el Cauca y Valle del Cauca donde más de la tercera parte la percibe aún más insegura. La seguridad regional como local, está siendo muy expuesta al retroceso, por hechos aislados y notorios, que últimamente viene perpetrando el crimen organizado.

Para el caso Ibagué, donde vienen atracando conjuntos residenciales, reforzados ellos, con empresas de vigilancia privada, ayudas tecnológicas y otros elementos de protección, afecta indudablemente todo en materia de seguridad; todo, índices, estadísticas y percepción, porque es innegable que ello genera zozobra y miedo. Pero ahí está la capacidad institucional para proceder en consecuencia, y retomar esa carrera de postas que suele ser la seguridad democrática, hoy llamada seguridad para la vida.

En Ibagué sin duda tenemos un Secretario de Gobierno que le pone el pecho a la brisa y hace su mayor esfuerzo, pero muy poco puede hacer él, frente a temas relacionados con esa inseguridad, como lo es por ejemplo la pobreza extrema, el desempleo, y la poca efectividad judicial sobre delitos como el robo a transeúntes y vehículos, donde más demora la policía en capturar un malhechor que estar puesto en libertad, aumentando así, la impunidad y la misma inseguridad. Pero no se puede claudicar en la lucha contra el hurto a personas, vehículos y viviendas, ni contra el homicidio, que sigue siendo el top de la intranquilidad ibaguereña.

Pero tampoco podemos descalificar a ciudadanos que cuestionen la seguridad, pues ello es fruto de la percepción, del temor y la intranquilidad.  Sin angustias y sin prevenciones escuchemos a los ciudadanos como a todos los candidatos a reemplazar al alcalde Hurtado, ¿a ver que propuesta tienen en esa materia?, que tanto conocen de ella? y que aportes traerían para continuar en esa carrera por mantener la tranquilidad urbana. 

La tranquilidad como la prosperidad en Ibagué, no es un tema meramente policivo como algunos quieren dejarlo ver, porque si así fuera, el mejor alcalde o gobernador sería un militar, y está comprobado hasta la saciedad que no es así, y que la inseguridad es el resultado de muchas cosas, entre otras, de la situación gravosa en materia de desigualdad económica, y desempleo, fruto del poco crecimiento y desarrollo económico conseguido en las últimas décadas.

Esta conjugación de necesidades y oportunidades para encontrar una dinámica económica local, no depende solamente de la seguridad policial, es más bien la capacidad de activar económicamente la ciudad, de cuidar los recursos públicos y de generar oportunidades para todos los nuestros paisanos.

Tags:

También te puede interesar estas columnas

Porque trabajar menos horas no significa producir menos. Significa producir diferente. Las empresas que han logrado sostener sus resultados con jornadas reducidas son las que dejaron de medir el desempeño por el tiempo que la gente permanece en el negocio y empezaron a medirlo por lo que realmente ocurre en ese tiempo.

Regiones Administrativas y de Planificación, que sin haberse desarrollado plenamente, parecen haberse quedado cortas por muchas razones; entre otras, por la misma centralización administrativa y económica que tiene hoy Colombia.

El departamento necesita una agenda común. Una agenda que incluya las vías rurales, la conectividad, el desarrollo agropecuario y la agroindustria, el turismo, la educación superior, el empleo, la seguridad, el agua y la competitividad.

El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.

Este resultado no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un ambiente de mayor confianza para invertir, producir y generar empleo.

El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.