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¿En que andan los hijos de la luz?

Felices 90 años para el inolvidable Colegio Tolimense, su rector, sus egresados, alumnos, profesores, empleados, directivas, ex rectores y ex profesores.
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Ecos del Combeima
4 Feb 2024 - 8:26 COT por Ecos del Combeima

La visita a la Arquidiócesis de Ibagué del representante diplomático de la Santa Sede en Colombia el Nuncio Apostólico Paolo Rudelli, precisamente durante el cumpleaños número 90 del Colegio Tolimense, retrotrae los más agradables recuerdos de esa querida institución educativa que ha procurado formar hombres y mujeres de bien, soportado en una educación especialmente humanizada e integral, donde con principios cristianos se enseña a caminar por la vida y comprender su permanente desafío, lleno de responsabilidades y esperanzas. 

Este embajador del Papa Francisco quien tiene como misión manejar las relaciones diplomáticas con Colombia e impartir los mensajes papales en toda su estructura eclesiástica, ha traído un mensaje muy particular y pertinente para estos tiempos donde se necesita retornar la mirada del papel fundamental que juega la educación en el desarrollo de los territorios y en especial de los seres humanos como hijos de la luz, y es ¨la educación como un acto de esperanza¨ como la impronta de su visita a Ibagué recordando las palabras del Sumo Pontífice cuando invitó al mundo a trabajar por un Pacto Educativo Global que promoviera integralmente un modelo cultural de paz y fraternidad universal.

En un departamento como el Tolima donde casi todos hemos tenido algo que ver con el colegio que lleva su nombre, así sea a través de un familiar o amigo que haya estudiado allí, o porque su formación cristiana lo referencia como un centro de formación académica, o quizá talvez otros como yo, donde la vida les permitió estudiar su primaria y bachillerato. Filii Lucis Sitis es su lema como verdaderos hijos de la luz y el himno del colegio como la más cálida expresión de amor. 

Por regla general sus graduandos y graduados son personas honorables, y varios de ellos ostentan hoy importantes cargos en el país y fuera de él, son actualmente ministros de estado, magistrados, congresistas y diplomáticos, pero también Importantes empresarios, profesionales, maestros, deportistas y especialmente hombres de familia, y paradójicamente libres pensadores e importantes hombres de Dios. Lo que si no tiene el Colegio Tolimense dentro de sus egresados, son sacerdotes como nos lo recordó el mismo Nuncio, como si lo tienen otros colegios del país y no necesariamente el Seminario Mayor, como por ejemplo el Colegio Salesiano de donde se graduó el también arquitecto y hoy muy querido Monseñor Miguel Fernando González quien también hizo presencia en este casi centenario institucional.

Cuando acudimos a este tipo de celebraciones y vemos allí parte de quienes fueron nuestros maestros y amigos, recordamos también todo lo que allí nos dieron e impartieron, y ratificamos que eran las mejores cosas y quizá las que más necesitábamos para caminar sin miedo por la vida, tal como nos lo describe Rober Fulghum cuando dice que todo lo que hay que saber sobre como vivir que hacer y como ser, se aprende en el jardín de infantes (Colegio), y que la sabiduría no estaba en la cumbre del grado, sino en el arenero, en el patio y aquel rincón a la hora de la merienda, y hoy cuando entendemos qué significaba por ejemplo cuando en aquel entonces nos decían que compartiéramos todo, que jugáramos limpio y no peleáramos, que dejáramos las cosas en su sitio y  no tomáramos lo que no era nuestro, o cuando nos obligaban a pedir perdón cuando lastimábamos a alguien, o insistían en disfrutar del descanso, el recreo, el deporte, las danzas y el canto, y especialmente cuando nos estrechábamos las manos por las pequeñas victorias y momentos felices.

Cuando se alcanza ya la edad que en ese entonces tenían nuestros profesores se entiende la importancia de sus enseñanzas y se les admira con reverencia y se convoca nuevamente a nuestros compañeros de clase, porque se redimensiona el valor de la amistad.

Que viva para siempre ese recuerdo y el amor por nuestros colegios, y que perdure el aprecio por nuestros compañeros así algunos estén en mejor forma que uno o tan canosos como uno, o quizá más lentos y más calvos, no importa porque todos estamos igual de viejos y cambiados. Aunque algunos desafortunadamente ya partieron, y antes que falten otros o nosotros mismos por cosas de Dios, es mejor convocarnos para disfrutar de los recuerdos, vivirlos o construirlos nuevamente.

Por ello Felices 90 años para el inolvidable Colegio Tolimense, su rector, sus egresados, alumnos, profesores, empleados, directivas, ex rectores y ex profesores.  
 

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