Mitos y verdades sobre la fiebre en los niños
La fiebre se produce por infecciones o virus que ingresan al cuerpo y se presenta como una señal de la lucha que libran los glóbulos blancos para evitar que cause mayores daños.
Debido a que los niños se encuentran en un proceso de exploración constante, son más dados a presentar fiebres, el cambio de clima y las actividades propias de su edad hacen que se encuentren más expuestos a los virus.
Los padres suelen reconocer a la fiebre como una enfermedad y no cómo un virus, por lo cual tienden a aumentar su preocupación.
Sin embargo en la mayoría de casos la fiebre es una reacción natural y se pasa sola. Además muchos casos están relacionados con resfriados comunes, diarreas y otras enfermedades que no atentan contra la vida del menor.
Según los expertos es importante que los padres de familia no se dejen guiar únicamente por los grados de temperatura que marca un termómetro pues en algunas ocasiones las enfermedades más letales para los pequeños no hacen que se eleve prominentemente su temperatura.
Hay que tener en cuenta además que existen muchos mitos alrededor de ella, por ejemplo no es cierto que la fiebre cause meningitis, sino que esta es un síntoma de esta enfermedad, además si bien algunos niños presenta convulsiones febriles cuando se superan los 40 grados, éste no es el común denominador.
Sin embargo al ser un síntoma de una enfermedad se debe estar alerta cuando la fiebre no cede en más de 38 horas, se presenta en niños menores de 3 meses, hay vomito permanente, se niega a recibir líquidos y se le ve adormecido o en estado letárgico, ante ellos es importante recurrir a un centro médico de forma urgente.
Si bien existen muchos remedios caseros que se han trasmitido de generación en generación como bañarse con agua fría o poner rodajas de papa en la frente, estos no tienen una base científica y algunos como poner alcohol en algodones debajo de las axilas, podrían resultar contraproducentes pues son absorbidos por la piel y pueden llevar a un estado de embriaguez.
Lo más importante en estas situaciones es mantener la calma y observar permanentemente al menor, brindar la hidratación necesaria y no auto medicar, en caso de observar alguno de los anteriores síntomas de alarma, acuda inmediatamente a su médico.