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La Alcaldía: Cargo difícil

Los entrevistados, desde su óptica y experiencias, dan las pautas para llevar a cabo una gestión transparente, con calidad de vida a los gobernados y aportando significativamente a la transformación de ciudad.
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10 Abr 2019 - 6:21 COT por Ecos del Combeima

“El nivel más alto de una Estado es la Alcaldía. Así lo expresó un funcionario del Banco Mundial, refiriéndose a la estructura de un país, en una visita a la ciudad de Pasto en la administración de Antonio Navarro   1995-1997.”

Suficiente ilustración y pedagogía entrega el juicioso trabajo periodístico de Henry Rengifo en su libro “Las claves de los buenos alcaldes”, con entrevistas a nueve exalcaldes y una exalcaldesa, entre los que se cuentan varios presidenciables. Allí referenciaron la esencia político-administrativa de sus ejecutorias, ubicándose en el podio de los “mejores”, con el merecido reconocimiento de todo un país e incluso de organismos internacionales.

Los entrevistados, desde su óptica y experiencias, dan las pautas para llevar a cabo una gestión transparente, con calidad de vida a los gobernados y aportando significativamente a la transformación de ciudad.

Las respuestas a las inquietudes formuladas por el autor del libro, dejan ver a 10 personajes, con mucho apego y sentido de pertenencia por su municipio, porque se empeñaron en conocer y reconocer hasta el último rincón de su territorio y el diálogo con la gente se volvió imperativo, dentro del estilo de administración ejecutado por ellos.

Todos sin excepción, exhiben pensamiento estratégico competencia que permite a un administrador aplicar la visión, pero que es poco común en los políticos, porque ellos están ocupados en lo personal con su futuro político, y difícilmente se pueden concentrar en la visión de ciudad.

La capacidad de desaprender y reaprender, a través de una mente creativa e innovadora, se vio reflejada a lo largo de la gestión de estos exalcaldes, porque rompieron  paradigmas, aplicaron el poder de convicción y de negociación, a través de un liderazgo circunstancial y situacional.

Llama poderosamente la atención que todos los exmandatarios, sin excepción alguna, hicieron énfasis en la honradez y transparencia de sus administraciones, porque estuvieron blindados contra la corrupción,   y de ahí, las cuentas claras, la ejecución de presupuestos impecables y los positivos resultados en casi todos los frentes de su gestión.

Todos le dan trascendencia e importancia a la preparación para el  conocimiento de lo público, para algunos de los exmandatarios,  el alcalde  puede ser la mejor persona, el más exitoso político, empresario o profesional y tener alto reconocimiento social, pero si  llega a administrar sin conocer  de lo público, muy seguramente se va a enredar, y de paso le será difícil hacer realidad su programa de gobierno a través de un plan de desarrollo, acorde a las necesidades y las prioridades de su municipio. 

Empoderados pero no obnubilados con el poder, se puede constatar en sus respuestas, porque trabajaron con y para la gente. Supieron hacer equipos de alto desempeño para llevar a cabo su gestión, vinculando talento humano competente y muy bien preparados en la académica, por eso los buenos resultados.

Uno de los entrevistados manifestó: Ser alcalde fue muy difícil. Sentí mucho cansancio, contaba los días para terminar. No bastaba con ser “buena gente”, a veces el mejor candidato (amigo de todos) no logra ser un buen alcalde porque le falta conocimiento en múltiples asuntos de la gestión administrativa municipal.

Al terminar la lectura de las entrevistas, se experimenta una sensación de frustración, porque ad portas de un proceso electoral para elegir el décimo primer alcalde popular de Ibagué, y con el abanico de candidatos que se visibilizan para ocupar el cargo, salvo uno o dos, ojalá no sigan aplazadas y embolatadas las esperanzas de elegir un líder acorde a las expectativas y reales necesidades de la ciudad.

Definitivamente ser alcalde es una tarea difícil, pero lo realmente difícil será lograr que no le metan la mano a los sagrados dineros públicos.

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