Escatología a la Jaramillo
Sabrá Dios, en su intimidad, cuántas veces y a cuántos de los Ibaguereños que le somos incómodos nos habrá conminado a seguir la suculenta dieta de las moscas.
Sin embargo, no nos sorprenden las manifestaciones de la primera autoridad del municipio. En principio porque reflejan no sólo su estilo, sino su compleja y desordenada personalidad.
Además, porque al margen de lo grotesco y vulgar de su expresión, es coherente con la realidad y el contexto del quehacer de una administración donde, con el permiso de ustedes amigos lectores, hay que decir abundan las cagadas.
Así pues, el ingrediente principal, plato fuerte de las invitaciones del doctor Jaramillo a los líderes comunales está suficientemente abastecido en la alacena del segundo piso del Palacio Municipal y la preparación más que garantizada por las prodigiosas manos del chef y sus asistentes.
Sin temor a equívocos, estamos hablando de la especialidad de la casa. En distintas presentaciones.
Nos lo han servido en forma de escaladas de impuestos, otras veces en inversiones poco austeras e innecesarias, también en forma de pesebres y bombillas de Navidad y si de repostería hablamos, nada como los suculentos resaltos, reductores y demarcaciones viales bañados en salsa de improvisación en los que los Ibaguereños hemos podido percibir el sabor más concentrado de ese ingrediente secreto de la cocina jaramillista: mierda de la más pura.
A lo mejor en el pasado también nos la comimos. No hay discusión. Solo que para la historia quedará que nadie antes nos había hecho una invitación tan directa. Un listón más para el cuadro de honor de un alcalde que se precia todos los días de ser el primero en hacer un montón de cosas.
El único problema doctor Guillermo Alfonso es que aunque se esfuerce con creces en variarnos la receta, la base sigue siendo la misma y las dietas repetitivas con el tiempo hastían, cansan.
Para nuestra fortuna, queda poco tiempo para cambiar de menú o por lo menos de sazón.
Ojalá esta vez no nos equivoquemos en la elección del chef.
Pueda ser que demos con un tenedor que hable menos composta fecal, de la que nos mande a comer y que sea capaz de hacer más que decoraciones del plato, un crédito que tenemos que darle con la venia y aplausos porque como usted no hay dos.
Solo dos apuntes más por hacer. El primero: una tonelada es exagerada cuando con una cucharadita tintera es demasiado; dos, la sugerencia no obliga, así que cada quien verá si se sienta a la mesa.
¡Buen provecho Alcalde! con todo el corazón hay para usted y sus enmermelados.