La dignidad de los corruptos
Según cifras de la ONU la corrupción universalmente cuesta 2.6 billones de dólares, equivalentes al 5% del producto interno mundial. En Colombia saquean 50 billones de pesos al año, es decir el 4% de nuestro Producto Interno Bruto.
Estas exorbitantes cifras están mostrando los tentáculos y el poderío de un fenómeno, que se enquistó en todos los sectores que conforman y consolidan una economía, sin importar su tamaño o ubicación geográfica.
A pesar de los avances en la creación de políticas, manuales, leyes, soportes tecnológicos y de comunicación, entre muchas otras estrategias, los países no logran conjurar la manera como se incuba, avanza y se desarrolla el saqueo al Estado, porque se le está aplicando más malicia y exceso de creatividad, como una forma de mimetizarla y que no transluzca el daño mortal que causa a una sociedad y a su economía.
Ahora hablemos de los corruptos. Estos personajes tienen una dignidad que no puedan con ella, posan de honestos, predican y pontifican, pero no soportarían un escrutinio a fondo de sus actuaciones. Por ejemplo: Para nadie es un secreto el pacto de silencio que manejan gobernantes y contratistas, el CVY-cómo voy yo- es una costumbre que se volvió ley, de ahí los despachos de los corruptos tienen doble fondo. El de atender los visitantes jartos y aburridores y el productivo para atender los contratistas y negocios que le complementan el mísero sueldo.
Que decir de los concejales a los que debe pagárseles por votar un cargo dentro de la corporación. Que los hay los hay. Los profesionales de cualquier orden que triangulan los contratos, dejándolos con sobrecostos, todo porque tienen impedimentos para contratar con el Estado.
Es increíble que en la más mínima contratación o negociación hasta los líderes comunales caen, porque muchos alardean de estar comprometidos con las causas de la comunidad, mentiras, también están detrás de coimas, así sean mínimas.
Presidentes, Gobernadores, alcaldes y en general quienes manejan recursos del Estado, se enriquecen con gran facilidad, hecho notorio porque muchos llegan pobres, pero a ellos no les queda mal tener mansiones, fincas, carros, empresas, dineros en paraísos fiscales, entre muchos otros beneficios, porque es normal, y es que para alcanzar tanto logro económico hay una cadena de antivalor que saben consolidar sus más cercanos y leales “colaboradores”.
Es una lástima que los organismos que tienen la responsabilidad de contrarrestar las malas prácticas y los malos hábitos, muy poco hacen para lograrlo, porque desgraciadamente también entran al juego de la corrupción, así quedó demostrado con la actitud de burla y desdén de un exfiscal, que dictaba catedra contra la corrupción, pero en la vida real hacia parte de una red de corrupción de grandes proporciones en la Corte Suprema de Justicia.
El colmo de la dignidad de los corruptos es mantener vigencia y a pesar de estar incursos en investigaciones o procesos que están indicando algo, presentan su nombre para una elección de cargo popular, porque no hay sentencia en firme, y por lo tanto tienen todo el derecho de aspirar. En caso de ser elegidos, sabrán manejar las situaciones, contratando abogados que abusan del derecho aplazando audiencias y utilizando argucias jurídicas para evitar el peso de la ley. De eso en Ibagué hemos visto suficiente.
Los corruptos una vez visibilizados deberían tener castigo en las urnas, pero lamentablemente ese proceso democrático también lo contaminan con dádivas y prebendas, con tal de mantenerse en el poder y seguir quitándole al Estado, la posibilidad de invertir en educación, salud, recreación, infraestructura, medio ambiente y en general lo que garantiza calidad de vida para una comunidad.