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Noventa días de promesas

Con cuatro aspirantes a la gobernación del Tolima y nueve a la Alcaldía de Ibagué, la capital tolimense entrará en un estado de expectativa, silencio y parálisis, para abrir paso a la actitud receptiva de escuchar y asimilar las cientos de promesas que se escucharan por doquier. Por: Laura Castro.
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El Espectador
30 Jul 2019 - 7:42 COT por Ecos del Combeima

A partir de ya, en todo el territorio nacional se vivirá la dinámica de la contienda política que elegirá  el domingo 27 de octubre, gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles juntas administradoras locales para el periodo 2020-2023.

Con cuatro aspirantes a la gobernación del Tolima y nueve a la Alcaldía de Ibagué, la capital tolimense entrará en un estado de expectativa, silencio y parálisis, para abrir paso a la actitud receptiva de escuchar y asimilar las cientos de promesas que se escucharan por doquier.

Y es que prometer no es pecado, incumplir tampoco, de ahí que los candidatos echarán mano a su capacidad de oratoria, convencimiento, recordación y posicionamiento en la mente de las personas, como la marca o el producto que mejor servirá a los intereses de la región.

¿Pero cuántas personas dan su voto efectivamente con este racionamiento? Muy pocas. Porque lamentablemente la situación de desempleo que vive la ciudad, hace que muchos tomen una decisión estrechamente ligada con su permanencia,  la de un familiar o persona cercana,  en un determinado cargo o continuidad de un contrato,  descartando el análisis juicio de las capacidades y competencias del candidato.

Con el retroceso, carencias y dificultades que vive la ciudad, hacer campaña es más fácil, porque las promesas calan hondamente un los ciudadanos ávidos de escucharlas, sin detenerse a pensar si algún día serán realidad, y eso lo saben los candidatos, que en los cursos de marketing político o la experiencia propia, aprenden lo frágil de la mente y la memoria en colectivo, porque a las masas hay que decirles lo que quieren oír.

Pero lo que sí salta a la vista en todos los candidatos es que más que llegar a servir a la ciudad o el departamento, su aspiración obedece a una meta personal o de su partido político, y eso está pasando hace rato, de ahí la decadencia y el atraso de la región. Tan pronto llegan a gobernar le dan la espalda al electorado, se acaban los gozosos y comienzan los dolorosos. El Tolima y su capital llevan muchos años en manos de ineptos y corruptos.

Cuatro candidatos a la Gobernación y nueve a la alcaldía, dan material suficiente para una “cumbre de inteligencia colectiva” de 13 personas que consoliden un real plan de gobierno departamental y municipal, y que el voto se lo entregue el elector a la persona que considere tiene toda la idoneidad, capacidad y honestidad para sacarlo adelante.

La situación que se está viviendo debe obligar a los líderes que aspiran a gobernar a hacer las cosas de diferente manera, porque de seguir haciendo lo mismo en diferente fecha y con otras personas, jamás saldremos adelante.

La creatividad y la innovación también tiene espacio en la política, pero necesita de gente arriesgada, proactiva y ante todo con mucho sentido de pertenencia que pueda y sepa anteponer intereses personales y sobreponer los de una región y la de sus miles de habitantes. Ese es el verdadero liderazgo, tan escaso por estas tierras.

 

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