Opinión: Pare, piense y luego compre
Es bien sabido que en nuestra cultura, muy permeada por la cultura gringa, fechas como las actuales motivan efectuar una serie de compras que en muchas ocasiones resultan siendo inútiles. Hace poco cumplí 40 años y frente a la profunda reflexión que hice de “mis primeros 40 años”, tuve la oportunidad de hacer un balance de lo que he ganado, perdido y sobre todo aprendido en este tiempo. Una de mis reflexiones precisamente fue ante el consumo, pues también he caído en la trampa de acumular cosas que no necesito y esto me llevó a determinar que técnicamente no necesito nada. Desde ahí empecé a cambiar mis comportamientos guiados hacia incrementar el ahorro y evitar al máximo consumir lo que no necesito optimizando mis ingresos efectuando compras inteligentes; también determiné que era una linda oportunidad de enseñar a mis hijas sobre la conciencia que se debe tener a la hora de comprar, controlar los impulsos y la emociones que nos guían hacia la toma de decisiones de compra. Cuando compramos sentimos felicidad que es producida por la dopamina, un neurotransmisor presente en nuestro cerebro, es de corto plazo y por este motivo es pasajero y dañino; lo mismo ocurre con el consumo de drogas por ejemplo. Esta generación de dopamina está relacionada con un sistema de recompensas que existe en nuestro cerebro desde épocas primitivas. El sistema de recompensa hace que nuestro cerebro sienta placer y hace que busque más recompensas, de esta manera las compras se vuelven frecuentes, impulsivas, irracionales y solo volviendo a comprar podremos volver a sentir ese placer. Lo mismo ocurre cuando nos dan un like en redes sociales, cuando jugamos con juegos de video, o cuando accedemos a un descuento. A muchos seguro les ha pasado que compran algo que no utilizan desde la bicicleta estática o elípticas que terminan de perchero, hasta zapatos, carteras, ropa, juguetes y hasta utensilios de cocina que se sacan si acaso una vez al año.
En la medida que ha tenido mayor influencia la importancia del cambio climático, y que numerosas ONG a nivel mundial han evidenciado el daño de ser parte de esa cadena de consumo interminable, muchos como yo hemos tenido que cambiar el chip. Ya muchas tiendas de ropa por ejemplo HYM, reciben ropa usada como parte de pago y de esta forma atenúan el impacto ambiental de la producción de ropa. Es un avance que en nuestro país ya hayan adelantos sobre la restricción en la fabricación y comercialización de plásticos de único uso y que la conciencia ambiental ya sea un tema de nuestras nuevas generaciones que también le apuestan al reciclaje. En épocas de Navidad, qué bueno compartir lo que tenemos que no usamos con los más necesitados, qué bueno sería comprar regalos con propósito a fundaciones, emprendedores y empresas que le apuesten a programas de responsabilidad social donde le devuelven a la comunidad parte de los que ganan con sus actividades comerciales.
Acumular bienes materiales se ha convertido en la prueba de felicidad y bienestar dejando de lado lo que en mi criterio es más valioso en estas fechas como lo es el uso del tiempo en familia, establecer conversaciones profundas con nuestros allegados e invertir en compartir y amar. Tendemos a compensar la falta de tiempo con regalos, sobre todo con nuestros hijos.
Si bien es cierto en nuestra región el consumo no es el mayor debido a la situación actual económica y los comerciantes tenemos una urgente necesidad de vender y crecer, más aun teniendo en cuenta el impacto negativo que causaron las manifestaciones pasadas, es importante tener en cuenta que todos tenemos una responsabilidad con las futuras generaciones dejándoles un medio ambiente saludable, que el amor no necesariamente se prueba con muchos regalos, que el tiempo es más valioso y lo que se comparte y se vive no se olvida; por otro lado, cabe anotar que las deudas de las tarjetas se deben pagar después de enero, que quien no se endeuda tiene mayores prerrogativas para tener una mejor calidad de vida y que ese momento de placer producido por las compras es efímero y no nos hace verdaderamente felices.
No es un llamado a no comprar, es una reflexión hacia el mejor uso de nuestro dinero, a comprar con responsabilidad y a darle más valor a lo que no se compra y que tiene mayor impacto como el amor, el compartir, la lealtad y de crear recuerdos inolvidables. Una técnica que utilizo por sugerencia de una gran amiga es pensar en que mañana puedo volver a comprarlo y el 95% de los casos concluyo que no lo necesito. Nuestra generación gastó zapatos y tuvimos la oportunidad de jugar tanto con el mismo muñeco, que los desbaratábamos para volverlos a armar. Esto generó procesos de pensamiento y aprendizaje valiosos que según los expertos hoy no tienen nuestros hijos debido a la excesiva estimulación que tienen, no solamente con la tecnología, sino también con la cantidad de juguetes que no tienen la oportunidad de usar completamente, evitando así procesos importantes por los que debe pasar.
Apoyemos nuestro comercio local responsablemente, regalemos tiempo, amor y abrámonos a la oportunidad de dialogar y generar conversaciones poderosas que produzcan puentes y no barreras. Regalemos paz. Regalemos amor.