Una reflexión sobre la solidaridad
Vivimos inmersos en la 4ta revolución industrial, tiempos en los que todo está cambiando respecto a cómo lo hacíamos antes. Tiempos en los que los empleos se ven amenazados por las máquinas y la inteligencia artificial. Tiempos, en los que impera una globalización que nos absorbe al punto de volvernos hiper- individualistas.
Sin embargo, en plena 4ta revolución industrial, sucede algo que nos frena y nos lleva al cambio. Un cataclismo social disfrazado de pandemia, que nos hace sentir vulnerables y nos lleva a replantear nuestras prioridades como humanidad. Un suceso que nos invita diariamente a buscar la manera de comportarnos como sociedad y no como individuos. Una oportunidad de profunda reflexión, sobre la manera en que ayudamos, y, sí lo hacemos realmente.
Hemos llegado a un punto, en el que no podemos seguir sosteniendo brechas sociales y económicas tan grandes entre ricos y pobres. Un punto, en el que el contacto social en el que nos movemos, parece haber cambiado.
A la luz de estos nuevos acontecimientos que transitamos hoy, la solidaridad adquiere un valor preponderante. Nos damos cuenta que ya no se trata de quien corre más, o quien arranca primero - sin importar quien se quedó o por encima de quien pasé – sino, que de lo que se trata, es de remar todos hasta la orilla, de correr todos hasta la meta, sin importar quien llegó primero, segundo o último, sino llegar.
Hoy, afrontamos esta semana mayor, como una semana de “reflexión profunda obligatoria” a la que nos llevó la pandemia. Una semana que nos conduce, a reconsiderar la forma en la que estamos viviendo. La manera en como nos relacionamos con los demás.
Y es que hoy, en medio de esta coyuntura social mundial, no basta solo con pagar impuestos al gobierno o cumplir con la leyes y normas que rigen nuestro comportamiento como sociedad.
No basta con pensar que, por cumplir con las obligaciones con el Estado y no hacerle daño a nadie, ya es suficiente para considerar que le estamos aportando a la humanidad.
No es suficiente tampoco con ser buenos padres, buenos hijos, o con ser solidarios con los familiares, y pensar que el que ayuda a la familia ya está siendo demasiado generoso.
Hoy no basta con cumplir lo anterior. No, hoy debemos pensar en acercarnos cada día más a la ayuda voluntaria y sin miramientos. Hoy, debemos ayudar sin más. Sin esperar recompensas por nuestra ayuda o descuentos en el pago de impuestos.
El Gobierno Nacional hace lo que le corresponde, da apoyos a los más necesitados y procura condiciones económicas favorables para defender el empleo, pero esto es insuficiente. Se requiere del aporte de los ciudadanos a aquellos que lo necesitan. Sin que lo mande una ley distinta a la ley de Dios.
La conclusión final sería, a modo de inquietud, ¿qué estamos haciendo cada uno para ayudar y ser solidarios? Y, que no vayamos a pensar que por no ser una carga ya estamos ayudando mucho. Debemos actuar. No podemos quedarnos siendo simples observadores, cuando lo que está de por medio es la supervivencia de la especie humana, el que no lo entienda así, que reflexione y reflexione en esta Semana Santa, porque el mundo paró y para arrancar de nuevo tendremos que hacerlo de una manera distinta, de lo contrario volverá a parar, y lo seguirá haciendo hasta que pase una de dos cosas, o que entendamos y modifiquemos nuestro actuar, o que desaparezcamos como especie.
Saque de banda: He sentido un gran dolor por la situación que están viviendo nuestros deportistas, entrenadores y en general, todas las personas vinculadas al deporte. Es un sector muy golpeado en este momento, al cual debemos ayudar. Que no crean que los tenemos olvidados, seguiremos trabajando por ellos, pero ahora con más ahínco.