La Colombia que necesitamos
Nuestra democracia siempre ha sido débil, nuestras instituciones son corruptas y el poder económico está concentrado en muy pocos. Muchos colombianos viven del día a día sin ninguna seguridad monetaria y pocas oportunidades, con un pequeño porcentaje de la población con la mayor concentración de riqueza de la nación. Que la coyuntura actual sea una oportunidad para rehacernos como sociedad, que después de tantos años de inconformismo nos unamos y logremos una sociedad de oportunidades en la cual el respeto y tolerancia sean las bases.
Estamos ante una sociedad en el que el mismo gobierno discrimina a sus ciudadanos y pone más valor a unos que a otros, que no se nos olvide que en una democracia la labor del gobierno es velar por los derechos de todos por igual. Es así como el sistema judicial recibió todos los implementos de protección, pero al sistema de salud no se los dieron y además se rehúsan a pagarles los meses de trabajo que les adeudan. Estamos ante un gobierno que establece una orden de quedarse en casa, con muchas personas sin una, que además gastan la mitad de sus ingresos en pagar su renta y no les alcanza para pagar su salud. Una sociedad en la que el 60% vive debajo de la línea de la pobreza. Necesitamos con urgencia un cambio en el contrato social. La severidad de una crisis no solo se da por los sucesos que genera sino también por la fragilidad del sistema en el que ocurre.
El círculo de la pobreza en Colombia se ha mantenido a través de generaciones, ante la mirada indiferente de la mayoría de nosotros. La diferencia en las comodidades que hay entre sectores de la población es abrumadora, nuestro estado manda a los estudiantes a las casas e impone las clases virtuales. Muchos de ellos han denunciado la imposibilidad de cumplir esto porque en sus casas no tienen internet y/o un computador para recibirlas. Es tanto la distancia social, que el gobierno central desconoce las características y necesidad de sus ciudadanos. Debemos empezar a gobernar acorde al país que tenemos con el propósito de llegar a ser el país que queremos, esto debe empezar ya.
La base de toda sociedad exitosa económica y socialmente es un gobierno que genere las garantías y seguridades para la inversión y la innovación. Donde el estado tenga control de su territorio, con una infraestructura eficiente. Las crisis son una excelente manera de destapar las falencias del sistema, pero las crisis solas no necesariamente implican mejoras. Ni tampoco las políticas implementadas si estas no van acorde a las necesidades y con el propósito de mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. Para que una crisis genere cambios positivos se necesita liderazgo y aún más importante que este sea transparente.
Es importante que nosotros le recordemos a nuestros gobernantes sus deberes hacia sus ciudadanos. Que las empresas amparadas por un marco legal protejan a sus empleados. Aún más importante debemos analizar que debemos hacer nosotros como ciudadanos para mejorar la condición de vida de todos nuestros compatriotas.
Empecemos exigiendo por una salud digna y eficiente, que además es un derecho fundamental en Colombia. El gobierno ha fallado estrepitosamente en asegurárselo a la mayoría de la población. El sistema privado no está funcionando, esto era una realidad a voces y ahora es una sentencia a muerte. No solo para los ciudadanos si no para los trabajadores que están en la primera línea de respuesta. Todo el personal de salud son héroes, pero no kamikazes y por ende si no se les asegura las mejores condiciones de seguridad no tienen por qué cuidarnos. Las renuncias masivas y totalmente justificadas están empezando, y el resultado sería una catástrofe para todos.
Sigamos por exigirle al gobierno políticas equitativas, que no haya segregación por nacimiento. La situación actual de nuestro país determina que vida va a llevar la persona desde que nace, segregando a su población, el estado de derecho tampoco está funcionando. Esto sucede cuando el liderazgo del gobierno es débil y manejado por la oligarquía. Esto lleva a instituciones débiles que no cumplen su deber, léase congreso. La pregunta que es recurrente últimamente es si vale la pena mantenerlos y cuál es la razón para ese salario. En Colombia los congresistas se ganan 42 SMLV, en Estados Unidos su sueldo son 10 SMLV, la brecha social es escandalosa.
Para cerrar, exijámosle al gobierno la protección del empleo, trabajando de la mano con todos los sectores productivos. Apoyando a las pequeñas y medianas empresas, que ayudan a estabilizar y redistribuir el ingreso. Si hay una lección que nos ha dado desde ya el COVID-19, es que hay que aprender de un mundo globalizado, pero actuar y fortalecer la economía local. Exijámosle también transparencia, en sus políticas y en su contratación, la corrupción y burocracia están llamadas a recoger y sólo nosotros como ciudadanos podemos exigirles a los funcionarios públicos sostenibilidad en las políticas y responsabilidad en el gasto de nuestros impuestos.