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La verdadera pandemia

Sin lugar a dudas, esta crisis de emergencia en salud quedará registrada en la historia, no solo por la cantidad de personas afectadas y fallecidas, sino además por toda la información veraz o no que ha salido a la luz pública. Por: Adriana Avilés.
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Ecos del Combeima
2 Jun 2020 - 10:41 COT por Ecos del Combeima

A hoy se presentan más de seis millones de casos y más de 374.000 muertos en todo el mundo por causa del Coronavirus, lo que nos ha genera incertidumbre y miedo.
Y cómo no tener temor, si nos estamos enfrentando a un virus sin precedente alguno, tanto así que el país del Tío Sam, potencia mundial, reporta más contagios y más fallecidos que el resto del planeta. 

Sin lugar a dudas, esta crisis de emergencia en salud quedará registrada en la historia, no solo por la cantidad de personas afectadas y fallecidas, sino además por toda la información veraz o no que ha salido a la luz pública.

Desde que inició el brote en Wuhan, también se visibilizó la verdadera pandemia, esa que siempre ha estado de manera invisible en nuestra sociedad pero que a diferencia del Covid-19, lleva muchos años cobrando víctimas. Esa pandemia que ha sido utilizada por los poderosos para ocultar información y manipular las crisis. 
En esta columna de opinión no pretendo certificar las denuncias y afirmarlas, pero sí generar un espacio de análisis que nos permita como sociedad cuestionar nuestra participación en los acontecimientos que voy a presentar a continuación. 

La crisis climática ha sido uno de los temas más controvertidos, algunos líderes políticos en el mundo afirman que el cambio climático es un engaño, sin embargo, como resultado del calentamiento global el mundo ha presenciado devastadores incendios forestales como el de Australia, en donde se quemaron más de 10.6 millones de hectáreas, más de 1,250 millones de animales murieron y decenas de personas fallecieron. En Colombia, de acuerdo con el Ideam, en lo corrido del año se han presentado 571 incendios forestales, de los cuales 437 reportan alerta roja, y para el caso del Tolima, a hoy se registran más de 80 incendios con 350 hectáreas afectadas. 

¿Entonces es posible que el calentamiento global, generado en gran medida por el estilo de vida de los humanos este causando el deterioro ambiental y perdida de fauna y flora? ¿Somos nosotros la pandemia que amenaza la vida de los ecosistemas? ¿Ha sido la biodiversidad la más beneficiada con nuestro confinamiento? El próximo viernes celebraremos el Día Mundial del Medio Ambiente y Colombia será el país anfitrión de esa celebración porque el mundo reconoce nuestro gran potencial, sin embargo, parece que no nos damos cuenta.
Enfermos y divididos…

Vivimos en una sociedad cada vez más dividida en medio de una crisis sanitaria, económica, política en donde hemos presenciado la deshumanización de nuestra raza, a tal punto que los problemas que emana nuestra sociedad se están naturalizando. Los altos índices de violencia desbordan la capacidad que deberíamos tener para convivir con nuestros semejantes, según la Cepal, una mujer es asesinada cada dos horas en América Latina por el hecho de ser mujer y como si esto fuera poco, de la misma manera aumentan las cifras de tráfico, abuso sexual y asesinato a menores de edad. Pan de cada día titulares como: “hombre de 19 años acusado de torturar y abusar de su hijastro de apenas 22 meses”…Como sociedad hemos sido incapaces de defender a los más vulnerables ¿Hasta cuándo vamos a permitir el aumento de las cifras?

Es tiempo de quitar la máscara a una sociedad doble moralista que se debate entre: defender los derechos humanos o aceptar a poderosos que se dedican a la prostitución de menores de edad y a la pedofilia. ¿Es posible que sea fácil aceptar los comportamientos de quienes ostentan un alto nivel económico en la sociedad sin importar su aberración?

Por otra parte, casos como el ocurrido el pasado 25 de mayo en Mineápolis (Estados Unidos de América), en donde el abuso de autoridad por parte de policías da como resultado la muerte de un ciudadano estadounidense, genera total indignación contra el racismo, la xenofobia y los abusos policiales. Pero no olvidemos que algo similar ocurrió el 23 de noviembre del año 2019 en nuestro país, cuando un joven manifestante fue asesinado durante la represión de una protesta por parte del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad). La sociedad no puede ser indiferente a lo que ocurre en el país. ¿Cuántos ciudadanos indignados seguirán alzando su voz de rechazo a la violación de los derechos humanos? Claramente lo que no puede ocurrir es que la violencia genere más violencia, considero que siempre existirán otros caminos.  

En una sociedad donde la inequidad prevalece, se esperaría que sus gobernantes trabajaran por eliminar la brecha social y se dieran las garantías para que los ciudadanos mejoraran su calidad de vida, pero contrario a esto, algunos dirigentes se dedican a llenar sus bolsillos de dinero; dinero público que debería estar invertido en proyectos que beneficien las comunidades. Por ejemplo, la Contraloría General de la República inició investigaciones a varias entidades territoriales por presuntos sobrecostos en contratación de emergencia por Covid-19 (compra de implementos para hospitales, kits alimenticios), en otras palabras: empezó a salir a la luz el otro virus, el de la corrupción en tiempos de pandemia. 

A la fecha, según un informe del Ministerio de Salud, en Colombia se registran 30.493 personas contagiadas y 969 fallecidos y quizás una de las grandes preocupaciones y obstáculos del sistema, son los recursos que actualmente se destinan para la salud de los colombianos, pues muchas de las instituciones hospitalarias no cuentan con la infraestructura, ni con la adecuación necesaria para hacer frente a esta situación. Esto sin mencionar que los profesionales de salud, en muchos casos, tampoco cuentan con los elementos adecuados de bioseguridad para tratar a un paciente contagiado con el Coronavirus. 
Recordemos a los dirigentes políticos que, en época electoral, llegaron a los barrios a pedir el voto y dejaron a cambio dádivas, que en su momento le solucionaron al elector un problema, pero a largo plazo ocasionaron uno peor. ¨Eso fue como decirle al ratón que cuidara el queso¨. Entones, ¿Es cómplice de la corrupción el ciudadano que vende el voto sin pensar en el futuro de la región?  
Y es que, en las épocas de crisis, es donde afloran los inescrupulosos para sacar ventajas, pedir coimas, repartir burocracia, incitar a la corrupción, generar populismo, imponer candidatos, otorgar prebendas, promover el clientelismo…a esos que sus simpatizantes llaman caudillos, yo los llamo los caciques de la politiquería. 

Es posible, que la actual pandemia nos permita despertar o seguir es un estado de entumecimiento, esa será una decisión que cada uno de nosotros deberá tomar, teniendo en cuenta la frase de Alejandro Magno: “tras la conducta de cada uno depende el destino de todos”.

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