Solidaridad, necesidad y responsabilidad
Ya han pasado un poco más de tres meses desde que llegó el Covid-19 al país y parece que la pesadilla aún no termina. El Gobierno Nacional prolongó la emergencia sanitaria hasta el 01 de agosto, pero las estadísticas de contagiados y muertos obligaría a ampliarla.
De hecho esta semana, la presidencia de la República envió a la Corte Constitucional un análisis de la pandemia con sus proyecciones y graves efectos en la economía hasta el 31 de diciembre de 2020 con el propósito de alargar la emergencia. De acuerdo a la información de presidencia, se calcula que a diciembre podría haber 41.600 muertos por el Coronavirus si continúa con esa curva de crecimiento en contagios. La cuenta es sencilla y de verdad asusta: el 15 de marzo habían 45 casos confirmados, el 15 de abril 3.105, el 15 de mayo 14.216 y hasta ayer, el ministerio reportó 57.046 pacientes positivos.
La crisis ha evidenciado las debilidades estructurales de nuestro sistema en todos los aspectos; en lo político, lo cultural, lo social y lo económico. De allí, surgen tres elementos que no nos dejan bien parados como sociedad y que se hace urgente corregirlos: la solidaridad, la necesidad y la responsabilidad.
La solidaridad es un principio fundante de nuestro Estado Social y Democrático de Derecho y un deber de todo Colombiano, pero por desgracia, no somos solidarios, o por lo menos los bancos no lo han sido; los beneficios que anunciaron han sido condicionados, los plazos muertos los cargaron de intereses, los empresarios no pudieron acceder a créditos ni ayudas para aliviar este difícil trance, toda vez que, no debían estar reportados en las centrales de riesgo y ni hablar de las empresas de servicios públicos.
Tampoco han sido solidarios los fiscales, jueces, magistrados, profesores, funcionarios de la Procuraduría o la Contraloría, pensionados, entre otros, que le han pedido a la Corte Constitucional tumbar el impuesto solidario creado por el gobierno nacional, que grava únicamente a funcionarios públicos, contratistas y pensionados del Estado que ganen 10 o más millones de pesos mensuales, y a quienes se les descontará por los próximos tres meses desde un 15 por ciento, y hasta un 20 por ciento a los que ganen más de 20 millones, para sopesar la recesión por la pandemia.
Sin embargo, cada día que pasa surgen más necesidades y necesitados, más desempleados y más personas en situación de pobreza y miseria, y todos le piden y esperan apoyo del gobierno Nacional. Colombia no es un país rico, por lo que no hay recursos suficientes para resolver la situación de todos, entonces, el gobierno hace esfuerzos para inventar medidas novedosas pero a veces absurdas como la hipoteca inversa, o como los días sin IVA, que estimula a comprar para reactivar el comercio pero solo por medios electrónicos, y ¿los que no tienen tarjetas qué? Mientras tanto la necesidad de las personas, ahí, latente.
Además, sufrimos de un mal que ya nos caracteriza, la falta de responsabilidad y disciplina social; algunos le siguen echando la culpa de la propagación del virus a los gobiernos, cuando somos nosotros los que no tomamos los cuidados necesarios para evitarlo. No tenemos conciencia de la grave situación en la que nos encontramos. No hemos aprendido a cuidar de nosotros mismos, mucho menos a cuidar de los demás. A otros, simplemente no les importa nada.
Es el momento de utilizar la tal “reinvención” para hacernos más humanos, a que seamos solidarios, a que nos duelan las necesidades de los demás y sobre todo, a que nos responsabilicemos ante lo que estamos viviendo, porque nuestro futuro inmediato, además de incierto, es lamentablemente oscuro.