Colombia te necesita
La primera vez que vi en persona a Uribe fue en el año 2001 en una reunión en el Palacio de los Deportes en Bogotá. Estaba ultimando detalles para viajar fuera del país a hacer una maestría, cuando un amigo me llamó a invitarme a una reunión con el rebelde exgobernador de Antioquia, un paisa ‘frentero’ que no se resignaba a quedarse por fuera de la contienda presidencial, así en el Partido Liberal, ya fuera claro el respaldo oficialista a Horacio Serpa, exministro de Samper y candidato presidencial por segunda vez, tras la derrota en 1998 contra Andrés Pastrana.
Yo me había salido del oficialista liberal en el año 1996 por cuenta del escándalo del proceso 8.000 y me identificaba plenamente con la necesidad de tener un presidente que se amarrara los pantalones frente a la guerrilla y fuera capaz de defendernos a todos los colombianos, así que no dudé en asistir al meeting político al que la campaña del candidato denominaba “conversatorio”.
En el Palacio de los Deportes hacían conciertos y obviamente eventos deportivos. Su capacidad era de aproximadamente 5.000 personas en las graderías, y si se utiliza la parte de abajo podríamos estar aumentando el número de personas ostensiblemente. Con esas particularidades del lugar, yo me preparé con chaqueta, bluyines y tenis para ir a escuchar al candidato, verlo en vivo desde lejos o a través de pantallas gigantes.
Oh sorpresa, cuando al llegar, vi que nos comenzaron a ubicar en el lobby del sitio, en una de las zonas donde se vendía la comida y la bebida.
- ¿Cómo así, Este señor quiere ser presidente y viene desde otra ciudad a reunirse con 50 personas cuando falta menos de un año para la elección? - Le pregunté a mi amigo.
- Así es, su campaña la está adelantando de esta manera. Por eso las reuniones se llaman conversatorios. El que quiera preguntar lo puede hacer. - fue la respuesta de él.
Esa noche, el candidato Uribe saludó de mano a todos los presentes y con toda la paciencia del mundo contestó todas y cada una de las preguntas que le hicimos. Al final, pasó por los puestos despidiéndose de cada uno de los asistentes.
¡Ese señor tiene que ser presidente, es la única salvación que tiene Colombia! - Le expresé a mi amigo cuando regresábamos hacia Niza, barrio donde vivía en ese momento.
Unos días después viajé a España, donde me llegaban noticias de atentados contra el candidato Uribe. Hasta un “burro bomba” le pusieron para quitarlo del camino y no pudieron. La guerrilla de las FARC sabía que su llegada se traduciría en su final.
Inscribí mi cédula allá tan pronto pude hacerlo solo con un objetivo: votar por Álvaro Uribe Vélez. Y ese mismo paisa aguerrido que no se dejó sacar del oficialismo del partido y continuó como candidato, recorriendo el país y haciendo conversatorios de 20, 30 o 50 personas, cuando llegó el día de la elección terminó arrasando con sus contrincantes en la primera vuelta.
Después de su posesión, vinieron las caravanas para recuperar el territorio, comenzaron los golpes contundentes a la guerrilla. Municipios en los cuales la fuerza pública había sido expulsada, volvieron a ver soldados uniformados protegiendo a la población civil. En el mundo la imagen de Colombia empezó a cambiar. Se hablaba de un país viable.
Yo estaba feliz del voto que había dado. Era uno de los casi 6 millones de personas que llevaron a Uribe a la presidencia, pero para mí era la forma de expresarle a mi patria todo mi amor y mi deseo porque pudiera salir adelante.
El 7 de agosto se cumplieron 18 años de la llegada de Alvaro Uribe a la presidencia. Infortunadamente no fue un día feliz, porque el hombre que nos liberó a todos los colombianos de una guerrilla sanguinaria, inhumana y narcotraficante, ahora se encuentra privado de su libertad. Son 18 años de lucha intensa por la democracia colombiana, porque de no ser por él, nuestro país habría terminado ya en las fauces del populismo.
Pero entonces que vamos a hacer, ¿rendirnos? ¡Por supuesto que no! Colombia nos necesita a todos los compatriotas que queremos seguir teniendo un país viable. Un país donde se pueda salir sin miedo a ser secuestrado. Un país donde se pueda tener un establecimiento de comercio sin ser extorsionado. Un país donde los extranjeros puedan venir de vacaciones sin que sean advertidos de que están yendo a un lugar peligroso. Un país donde las propiedades no toque venderlas para tener que irse al exilio. Un país como el que ahora parece que siempre fue así, pero que en el año 2002 parecía una completa utopía.
Colombia nos necesita a los que en el 2002 elegimos la seguridad y que en el 2006 la reelegimos, así como en el 2010 elegimos al que prometió continuarla y después nos engañó. Los mismos que en el 2014 elegimos a Zuluaga (porque lo elegimos), y en el 2016 nos opusimos al acuerdo de La Habana y en el 2018 elegimos a Duque para recuperar el rumbo del país.
No podemos entregarle a Colombia al comunismo que ya acabó con Cuba y con Venezuela. Acá tenemos que seguir en pie de lucha defendiendo a Colombia, que es lo único que ha hecho Uribe desde que llegó al poder.