Un aplauso a las invisibles
Con ocasión del día internacional de la mujer, se han llevado a cabo numerosas manifestaciones a nivel mundial por diversos medios llevando a reflexiones en torno a los derechos de las mujeres y a su participación y aportes en todos los ámbitos de la vida. Reconocimientos y reportajes inundan las redes, pues no se puede evitar divulgar el gran aporte e inspiración que todas estas valiosas mujeres han hecho a la humanidad.
Ganadoras de premios Nobel, altas ejecutivas, deportistas, artistas, políticas, científicas, líderes sociales, gremiales y en general, todas aquellas que, por su esfuerzo o posición, logran reconocimiento, cuentan historias que nos motivan y son ejemplo de superación y resiliencia. Esta columna no pretende replicar lo que ya todos conocemos, aquí pretendo decir que también, existen millones de historias de mujeres invisibles que prácticamente han sido invencibles. Esas mujeres reales que no se toman la foto con el mercado que donan, las que aprecian y respetan a sus colaboradores y a quien les sirve, las que enseñan a sus hijos valores a través del ejemplo, las que madrugan a dejar comida hecha y casa arreglada para poder salir a trabajar, esas que trabajan 2.4 horas más diarias que los hombres y ganan menores salarios, las que son cabeza de hogar porque el padre “ no les ayuda", las que salen a vender dulces en la calle, las que se paran en un semáforo, las que migran y caminan las carreteras infinitas con sus hijos o solas en busca de un mejor futuro, las que sufren el abandono, las que decidieron esta solas, tranquilas y felices, las que dedican su vida a Dios, las que viven cómodamente y en silencio soportan maltrato, las que viven ese maltrato evidente y lo justifican en un falso amor, las que tienen el autoestima tan bajo que sienten que no podrán lograr nada en la vida, las emprendedoras que le ponen el alma a su negocio y las que logran crear empleo, la enfermera, camarera, mesera, vigilante, la maestra, ama de casa, la desplazada, la reinsertada, campesina y cualquier otra profesión u oficio que se les pueda ocurrir. Detrás de cada mujer que no goza de ese reconocimiento o que no tuvo la oportunidad que otras si, se encuentra coraje, valentía, amor, sueños, deseos de progreso, quizás resignación, miedo y parálisis. El progreso y el éxito para algunas puede ser el poder y el dinero, pero para otras puede ser la tranquilidad y la paz, algunas se sienten realizadas siendo madres, otras siendo no siéndolo; cualquiera que sea la meta, lo valioso es saber y respetar que somos diferentes. A cada una le llega su momento y los procesos de crecimiento espiritual y mental no son los mismos en todas. Admiro esas mujeres que no se rinden, y si lo hacen se levantan, las que deciden sobre sus vidas sin caer en estereotipos, las que crecieron en culturas cuyas creencias las limitaron o cosificaron, pues en ellas se encuentra la inspiración de muchas otras que luchan por sus derechos. La católica, la cristiana, la musulmana, la judía, la atea, la yogui, la periodista, la escritora, la policía, la militar, la profesional, la bachiller, la soltera, la casada, la viuda, la divorciada, la niña, la adulta, la anciana, todas, definitivamente todas merecen un aplauso, un momento de reflexión en donde repliquemos la necesidad e importancia de continuar apoyando sus causas, denunciando sus sufrimientos, defendiendo sus derechos e ideales, construyendo redes de apoyo, aportando desde nuestro ser y hacer a un futuro mejor.
Las mujeres debemos recuperar los espacios que se perdieron con la pandemia, debemos ser partícipes del cambio o la adaptación forzada que nos trajo la crisis, recuperando el terreno perdido y creyendo firmemente que en la medida en que muchas más mujeres lleguen a posiciones de liderazgo, van a haber más escenarios de desarrollo, políticas públicas, leyes y todo un sistema tanto público como privado que apoye y trabaje por lograr la paridad en todos los ámbitos de nuestras vidas. Nuestra cultura tristemente continúa siendo machista, el acceso a la educación se limitó, el desempleo creció precisamente en sectores donde las mujeres participaban mayoritariamente, la brecha salarial se amplió, así como también los casos de maltrato e impunidad. Las mujeres han sido las mas han sufrido daño con la llegada del Covid 19, porque no solamente se perdieron en mayor proporción empleos frente a los hombres, sino que también asumieron el rol de sus hogares, teniendo que trabajar prácticamente el doble que los hombres.
Las invito a continuar generando cultura de cambio y unión, a eliminar las creencias en torno al poder, dinero y éxito, a trabajar más en el desarrollo de ustedes como personas, a darse cuenta que una mujer no vale por lo que produce, ni por las medallas que gana, no es exitosa por aparecer en un ranking o en una portada de revista, ni por su posición social o política, ni por el apellido o esposo que tenga, es valiosa porque en esa suma de cualidades, defectos, competencias, habilidades, errores, es un ser único y especial, vale por lo bueno que guarda en su corazón, por la coherencia entre sus pensamientos, sentimientos y acciones, por la capacidad de volver a empezar y por su fuerza para crear y creer que todo se puede lograr, porque se mira al espejo y en lugar de hace inventario de arrugas, reconoce todos sus puntos fuertes y los recursos que tiene para cambiar su realidad y finalmente, duerme tranquila porque algún día descubre que el día a día es un camino que vale la pena gozarse, dejando de pensar en el futuro que solo genera ansiedad, agradece, perdona, suelta y sigue adelante. Dios bendiga a todas las mujeres de mi vida y a las sus vidas.