Como terminó Botero, inició Molano
El bombardeo al campamento en el cual se hallaban varios menores de edad, parece ser la repetición de una historia escrita con sangre de inocentes, víctimas de todos los actores en conflicto, que protagonizó el exministro Guillermo Botero, quien salió del ministerio por este terrible error, pero que fue premiado con un cargo diplomático.
No se debe apartar de la necesidad de combatir a la delincuencia, al narcotráfico y a los grupos alzados en armas, pero no se puede perder de vista la aplicación de los Derechos Humanos y de los Derechos de los Niños. El estado colombiano no puede llegar a los menores de edad en bombas de alto poder destructivo, en balas y en presencial militar. El estado debe llegar con oportunidades, con educación, con salud, con saneamiento básico y con todo tipo de programas sociales que les permitan a los menores que viven en zona de influencia de grupos armados garantizarles sus derechos y evitar que sean reclutados en contra de su voluntad a esas organizaciones delincuenciales. Pero como si fuera poco ese drama que viven los niños todos los días, el Ministro de Defensa, los cataloga como “máquinas de guerras”, como asesinos despiadados, violentándolos aún más, para justificar lanzar las bombas y acabar con sus prematuras vidas.
El lenguaje agresivo que utiliza Molano, complica aún más su labor y rompe con la institucionalidad que debe velar por todos y no solo por los intereses del gobierno de turno y su grupo político. Para posar de hombre de temple no es necesario estigmatizar, atacar y revictimizar a las personas que son las que sufren las consecuencias del abandono estatal y deben cuidar sus vidas y las de sus familias ante la fuerza de las armas al margen de la ley sin tener otra opción que el silencio y el acceder a todo tipo de condición.
La política de seguridad debe ser revisada, debe ser humanizada, debe ser contundente con los delincuentes, pero amplia y solidaria con las víctimas, más aún cuando se trata de menores de edad, que como la conversación a través de WhatsApp entre una de las menores que pereció en el bombardeo con su profesora, en la cual le expresaba su deseo de continuar estudiando y terminar el bachillerato, como la única posibilidad de mejorar su calidad de vida, vida que no existe hoy y que se esfumó llevando consigo sueños y anhelos de una infancia que no es tratada como se debe.
Guillermo Botero, tuvo que renunciar ante el grave episodio de los menores muertos en el bombardeo, Diego Molano, debe renunciar, es lo más digno que debe hacer ante tan cruel episodio, y no seguir apagando la hoguera con gasolina a través de sus acciones equivocadas y su lenguaje agresivo, que no le aportan nada bueno a la difícil situación de orden público que atraviesa el país.