Desempleo, pandemia y gobernabilidad
Los resultados presentados por el DANE en materia de empleo evidencian un incremento del desempleo a nivel nacional en el primer trimestre, pasando del 12,8% en el 2020 al 15,2% en 2021. Para el caso de Ibagué, pasamos del 19,4% en el 2020 al 21,7% en el presente año; estamos bajo Riohacha, quien encabeza el listado, Cúcuta y Quibdó. El desempleo crece como producto del confinamiento, toques de queda y demás medidas de restricción que se tomaron para detener la propagación del Coronavirus y proteger la vida de las personas, trayendo como consecuencia un aumento en la pobreza. Las mujeres una vez más, somos las más afectadas, pues excluyendo a Bogotá, la tasa de desempleo es del 20% frente al 14,1% de los hombres. Sabemos el impacto tan negativo que significa la brecha tan amplia entre mujeres y hombres, pero eso será un tema para otra columna.
En un país donde 2 de 5 personas son pobres, resulta irónico que algunos de los que demandan empleo y oportunidades, sean quienes más defiendan o participen de los bloqueos y saqueos con el argumento de ser la única vía para obtener los cambios que tanto necesitan. Teníamos una economía que crecía en el primer trimestre al 1.1%, contrario a todos los pronósticos que la proyectaban decreciendo y, todo indicaba que la recesión acababa. El anuncio y posterior inicio del paro y todo lo que ha traído consigo, nos deja un escenario crítico en donde el consumo de los hogares disminuye drásticamente, pequeños comerciantes sobrevivientes a la pandemia cierran definitivamente, grandes empresas anuncia su retiro o su cierre temporal, pérdidas millonarias en todos los sectores que se traducirán en mayor desempleo, menos recaudo de impuestos, devaluación de nuestra moneda e inflación, sin mencionar el efecto negativo de la pérdida del grado de inversión del país.
Es claro que, a estas alturas, sin desconocer las enormes necesidades que tiene la población, mientras el gobierno adelanta los diálogos con los del comité del paro, lo que se debe hacer es permitir que Colombia se reactive. Según José Manuel Restrepo, el paro le cuesta al país $484.000 millones de pesos diarios y no es legal, justo ni conveniente que unos pocos impidan la reactivación económica que tanto se anhela y que nos conviene a todos. El daño ha sido enorme, no solamente por las muertes a causa de la violencia de algunos vándalos y el uso excesivo de la fuerza de unos pocos miembros de la fuerza publica, que dejan hijos huérfanos, padres y madres con un dolor insuperable, sino que desde que iniciaron las protestas, pese a que el proceso de vacunación ha continuado, se ha incrementado el contagio y muertes por Coronavirus, perdiéndose así más vidas. Han saqueado granjas, amenazado industrias advirtiendo que si llegan a trabajar las incendian, se ha perdido alimentos, negocios, inversiones, llevando así a la peligrosa recesión y con ella, que va de la mano con la pobreza, el aumento en la inseguridad.
Estar a favor o en contra del paro y tener discusiones por redes sociales pretendiendo convencer al contrario o caer en el juego de la pelea y los insultos, poco o nada puede servir y, por el contrario, sí genera más angustia, y estados mentales y emocionales que nada contribuyen a superar esta crisis. El país que tenemos hoy atraviesa un espiral de violencia que exige de los gobernantes nacionales y locales, la acostumbrada empatía y gestión, sumado a la sabiduría para poder solucionar esta situación con el resultado menos malo o el mejor posible dadas las condiciones actuales del país.
Nuestro alcalde se encuentra en una posición poco envidiable, pues debe responder a todos los sectores de la sociedad que demandan justicia, libertades, derechos, mientras cumple su plan de gobierno, resuelve los problemas generados por la pandemia y a través de sus resultados, muestra a la ciudadanía que no merece la revocatoria. Gobernar en medio de la pandemia y el caos generado por el paro, que supone un riesgo inminente para la salud pública, mantener la templanza y la serenidad para tomar buenas decisiones en favor de todos sus gobernados, atender los pedidos de los comerciantes que piden ser protegidos de la violencia y los bloqueos, que son quienes aportan empleo y pagan impuestos con lo que se pueden financiar los programas sociales, es un imperativo y seguramente es una prioridad para nuestro alcalde. A los empresarios también se les debe garantizar sus derechos al trabajo, a la paz y a la libre movilidad, que no son derechos que puedan vulnerarse por unos pocos que consideran que el derecho a la protesta los legitima. Debemos apoyar a nuestro alcalde Hurtado, acompañándolo con propuestas e ideas, siempre orientadas al diálogo en primera instancia; su trabajo y sus resultados, pese a la cruda realidad que vivimos por cuenta de unos pocos, serán la respuesta a las expresiones que invalidan su gestión. Pensar en una revocatoria en un momento como el que vive la ciudad, no es conveniente aunque sea un mecanismo completamente legal. El alcalde debe continuar trabajando y no distraerse en defensas para que pueda seguir gobernando y aportando las soluciones que la sociedad reclama. Concretamente los comerciantes afectados con los bloqueos, que son la gran mayoría, y en especial aquellos a los que bloquean casi a diario en la 60 con quinta, se han unido y convocado a una manifestación pacífica el próximo 27 de mayo, promoviendo el dialogo y la reconciliación con quienes insisten en generar a diario los bloqueos, para que entiendan que imposibilitando que los negocios funcionen, no vamos a conseguir nada diferente a desempleo y más pobreza. La clave es trabajar articuladamente y acompañar al alcalde con propuestas, en lugar de ofensas y críticas, pues si bien es cierto que en nuestro país aún podemos expresarnos, todas esas voces que han promovido polarización, lucha de clases, violencia, odio, miedo, no aportan y sí agudizan el problema. Mi invitación es a confiar y esperar que las autoridades competentes hagan su trabajo y judicialicen a los culpables de todos los actos de violencia ejecutados desde el 28 de abril y defendamos nuestra democracia y nuestras instituciones. Las vías de hecho no son un camino bueno y nada justifica que se violen derechos de la gran mayoría que soportan en silencio esta crisis que nos ha golpeado a todos. Se suele ver muchas manifestaciones en todos los tonos a favor del paro, pero esto no quiere decir que la mayoría de la población esté de acuerdo que a estas alturas continuemos en paro. Lo que está pasando es que la mayoría teme expresarse debido al nivel de agresividad y de violencia que hemos visto, probando así la absoluta incoherencia de algunos que demandan derechos que no respetan ni reconocen en otros.