Protesta sí, siempre, pero bloqueos no
El derecho fundamental de la protesta social consagrado en la Constitución Política de Colombia, es la herramienta idónea para que los ciudadanos se expresen libremente sobre lo que les afecta. Las marchas, plantones y demás actos simbólicos que rechazan la indiferencia del Gobierno Nacional a los problemas del pueblo, no se pueden deslegitimar con el vandalismo y los bloqueos.
Cuando el pueblo afecta al mismo pueblo, la cosa no está bien. Es decir, no podemos expresar el inconformiso social, el olvido estatal, afectando los intereses del mismo pueblo. Es inadmisible que por los bloqueos se afecte el trabajo de un mesero, de un mensajero, de una secretaria, de un obrero, entre otros que son parte del pueblo.
La protesta social es vital para generar grandes cambios, las manifestaciones son una expresión inequívoca del descontento de los colombianos al gobierno del presidente Iván Duque, pero no se puede agravar la crítica situación económica con acciones que afecten los intereses de quienes dependen de un empleo formal o informal y de los que se ganan el día en las calles. Los bloqueos son acciones ineficaces, que maltratan a los ciudadanos, que deslegitiman la protestas y que generan rechazo general.
Colombia, atraviesa una de sus peores crisis sociales, económicas y políticas de la historia reciente. La pandemia, que no es culpa de nadie, pero que se ha manejado muy mal, sumado a los desaciertos del presidente Iván Duque, han sido los detonantes para el estallido social que hoy vive el país. Repito, con todos los argumentos, con toda la razón son más que válidas las protestas en las calles, son los efectos lógicos de un Gobierno Nacional que no ha cumplido, que ha no ha gobernado para solucionar los problemas que aquejan a los colombianos y que por el contrario beneficia a banqueros, grandes empresarios e industriales quienes en campaña aportaron millonarias sumas de dinero que hoy son devueltas en beneficios exagerados que no favorecen a los más necesitados.
El pueblo se debe manifestar, pero sin lesionar los intereses del mismo pueblo. Marchemos, protestemos, declaremos nuestro dolor de patria, pero sin vandalismo, sin bloqueos, que nuestra voz se escuche limpia y no machada por unos pocos que buscan el desorden y que deslegitiman la protesta social. Deliberemos, unifiquémonos y acudamos masivamente a las urnas en el único momento que como ciudadanos tenemos el poder de elegir libre y espontáneamente. Es en la democracia de las urnas que podemos generar un cambio. Las calles nos sirven para evidenciar lo que pasa en el país, para desnudar las mentiras del Gobierno de Duque, y para conquistar una fuerza social de cambio.
En las urnas está el poder del cambio, en las marchas el sentimiento social.