Los niños del semáforo
Con bastante preocupación dedico la columna de esta semana para abordar un tema que está ante la mirada de todos y en el cual se deben aplicar con prontitud los correctivos necesarios para evitar la instrumentalización de los niños para la mendicidad.
En cada semáforo de la ciudad es abundante la presencia de mujeres y hombres vendiendo dulces o simplemente pidiendo monedas acompañados de menores de edad, que en su mayoría no superan los 4 años, y que además del riesgo de estar las vías, sufren las inclemencias del clima, del sol canicular y de fuertes lluvias.
Indagando con diversas fuentes se ha determinado que es muy poco el porcentaje de menores que son hijos de quienes buscan algo de dinero en los semáforos, y digamos que en estos casos el tema preocupa en menor escala, pues finalmente están con sus padres, lo que de igual manera no justifica de en lo absoluto que tengan que exponer a los menores a estas arduas jornadas en las calles de la ciudad.
Por otra parte, y aquí un tema sumamente delicado, es la utilización de los niños para generar lastima y buscar la solidaridad de los conductores, y peor aún, se conoce de padres, si así se les puede llamar, que los alquilan a cualquier persona para que los utilice. La instrumentalización de los menores para la mendicidad es un fenómeno que crece incontrolablemente y que merece gran atención de las autoridades correspondientes, pues a todas luces es violatorio de los Derechos de los Niños, de los Derechos Humanos y es un hecho delictivo contemplado en nuestro ordenamiento jurídico.
Debe entonces la Policía Nacional, realizar todo tipo de operativos a través de la Policía de Menores, para que en una primera instancia aborde en los semáforos a los adultos y verifiquen el grado de parentesco del menor de edad, pero más allá se debe evitar a toda costa que los niños lo exponga o utilicen para pedir monedas en las esquinas de la ciudad. Y como segunda medida y muy importante adelantar las labores de investigación y desmantelar, si las hay, las redes que utilizan a los niños para la mendicidad, o sancionar ejemplarmente a los padres que presten o alquilen a los peños para la mendicidad en las calles.
Además, es inadmisible que, en plena carrera tercera, corazón comercial de la ciudad, cerca de una docena de menores indígenas, descalzos, con sus ropas raídas y expuestos a cualquier tipo de vejamen, sean utilizados para pedir monedas y ninguna autoridad haga algo para frenar esta clara explotación infantil.
Instituciones como el ICBF y la Policía Nacional, deben activarse y revisar con detalle esta situación, deben adelantar acciones rápidas y efectivas de protección de los menores y en los casos que deba hacer el restablecimiento de los derechos de los pequeños que deben ser protegidos por el Estado, como mandato Constitucional.