¿Todo está dicho sobre la movilidad de Ibagué?
Atravesar la calle 60, transitar por la avenida Pedro Tafur o subir por la avenida Ambalá, por citar apenas tres ejemplos, es todo un dolor de cabeza que ya no se remite únicamente a las horas pico. Trayectos que antes requerían cinco minutos ahora pueden llegar a 40 minutos de espera que desespera a propios y visitantes.
Es cierto que algunos expertos en movilidad vienen trabajando en algunas mesas técnicas y que ésta no es una tarea fácil de resolver si se tiene en cuenta que el atraso es histórico. Para algunos analistas la solución trascendental que tiene el municipio frente a esta problemática es la realización de la carrera trece, una arteria vial que conectaría el centro con el norte de Ibagué. Sin embargo, a la fecha se entiende que el principal alivio en materia de movilidad no tiene priorizados los recursos y los estudios como es habitual son los causantes de la lentitud y el “va y ven” del proceso.
Entre tanto, se habla de proyectos y obras, pero en épocas donde los turistas, deportistas e inversionistas recorren la ciudad en medio del caos (atípico en una ciudad intermedia), nuestra imagen como destino sigue estando en entredicho. Sectores como el comercio, hotelero y gastronómico tienen enormes esperanzas de recuperación tras la pandemia, y las oportunidades se están dando, pero en definitiva la casa debe quedar lista.
No se trata de expresar una crítica sin sentido a la administración. Por el contrario, plantear varios interrogantes en busca de respuestas de los expertos: ¿Todo está dicho sobre la movilidad de Ibagué? ¿Los viaductos y paralelas están siendo bien utilizados? ¿Por qué se ven tantos vehículos mal estacionados? ¿Por qué los agentes de tránsito no priorizan el flujo en horas pico de algunas glorietas y calles como sucede en Soacha? ¿Es el pico y placa la única alternativa? ¿Se hace necesario priorizar algunas vías para ciertos servicios de transporte y vehículos?
Lo cierto es que, si la ciudad aún no puede poner en marcha la principal solución (la carrera trece), suena lógico que esta limitación sea reemplazada por diversas acciones. ¿Cuáles? Que hablen los expertos, pero que se tomen decisiones rápidas, prácticas y permanentes. El tiempo que transcurre con este problema es decisivo para la percepción de “marca ciudad” y para el futuro de Ibagué. Ya lo hemos dicho antes: nos están visitando, la mirada está puesta en nosotros, pero seguramente el nivel de satisfacción de los visitantes no es el ideal para que nos recomienden cómo un destino para regresar y para invertir.