El poder del huevo
El huevo es uno de los productos alimenticios más importantes de la canasta familiar colombiana, tanto así, que ha llegado a ser motivo de controversia política. Solo recordemos el lapsus que tuvo el entonces Ministro de Hacienda al decir que una cubeta de huevos costaba mil ochocientos pesos; esta vez el turno es para la candidata vicepresidencial Francia Márquez, quien en una de sus manifestaciones afirmó: “ahora los huevos vienen de Alemania y a un costo bien elevado”
Como era de esperarse y ante el evidente desconocimiento de la candidata, fue desmentida por la Federación Nacional de Avicultores y el Ministerio de Agricultura dando cifras concretas sobre la realidad del huevo en el país; que para el año 2021 tuvo una producción de 17.000 millones de unidades, un crecimiento del 4% respecto a 2020, a pesar de los bloqueos generados en todo el país y además se estima que el consumo per cápita, en el mismo año, fue de 334 habitante año, es decir, cada persona consumió casi un huevo al día.
Pero más allá del poder del huevo como elemento de primera necesidad en los hogares colombianos, me llamó la atención la respuesta de la Sra. Márquez ante las críticas recibidas, alegando que: “‘tienen huevo’ quienes se incomodan cuando hablamos de la necesidad de recuperar la soberanía alimentaria en este país …neoliberales que gestionan la importación de más del 30% de los alimentos que consumimos” de la “ruina de la producción nacional”. Lo anterior me confirma, que --, con tal de alimentar el discurso populista y de odio que sostiene sus aspiraciones.
La izquierda radical en el mundo entendió, que no era suficiente con batir la bandera de la lucha de clases económicas, pues ahora, han vendido el pensamiento de que todos tienen derecho a todo pero con cero obligaciones, también han tendido conflictos que ni si quiera son económicos como: el de la religión, el del hombre y la mujer auspiciando un feminismo radical, el de los heterosexuales en contra de los homosexuales, el de los indígenas o las personas de color, siempre señalando opresores y oprimidos en todos los aspectos sociales con un firme propósito, victimizar.
Esa victimización que vende la izquierda y en la que culpan a la derecha, marca profundas diferencias y fracturas en nuestra sociedad, generando un sentimiento de odio y resentimiento que ninguna ley o política pública va a lograr apaciguar. Realmente “tienen huevo” quienes nos quieren llevar ese camino, sin medir consecuencias.