¿Deben acabarse las EPS?
La conmoción que ha ocasionado lo que será el próximo gobierno, tiene a muchos actores de los diversos sectores económicos y sociales del país en una profunda incertidumbre. En consecuencia, quiero hablar de un tema sensible por lo que significa para todos, la salud; actualmente, la salud está en crisis por cuenta de la red hospitalaria, de las empresas promotoras y las instituciones prestadoras de los servicios de salud, sumado a reforma al sistema que anunció la Ministra designada.
El tema de la salud y sus diversas fallas es muy amplio, sin embargo, la discusión se ha centrado en las EPS. Para entrar en contexto, las Entidades Promotoras de Salud son las responsables de la afiliación y el registro de los afiliados y del recaudo de sus cotizaciones. Su función básica es organizar y garantizar la prestación del Plan Obligatorio de Salud (POS) y hacer los giros respectivos al Fondo de Solidaridad y Garantía que es donde se administran los recursos del Sistema de Seguridad Social en Salud. Así, todas las personas se afilian a estas y quedan amparados en su intermediación para acceder a los servicios médicos.
La realidad de las EPS es muy compleja, están en déficit, muchas están quebradas en este momento. Según las cifras oficiales, por lo menos 14 de estas empresas están en incumplimiento financiero. De hecho, cuando una EPS entra en proceso de liquidación, los pacientes tienen que ser trasladados a otra, que al recibir un volumen de afiliados pierden capacidad operativa, administrativa y empiezan a funcionar mal. Además, las deudas impagables con clínicas y hospitales.
Desde luego, no se puede generalizar, pero buena parte de lo que está sucediendo con los hospitales o instituciones prestadoras de servicios de salud, es responsabilidad directa de las EPS, ¿por qué? Yo encuentro 3 razones fundamentales: la primera, la deshumanización de su labor, todo lo convirtieron en negocio, así que la prioridad no era la salud sino la plata; la segunda, corrupción, los propietarios de estas empresas se dedicaron a enriquecerse a costillas del sistema, con medicamentos, los equipos médicos y demás; y la tercera, la complicidad de la superintendencia de salud, pues por la falta de un control efectivo y la pasividad para hacer vigilancia dejaron crecer el problema y ahondar el hueco financiero.
Por lógicas razones debe existir una regulación rigurosa para las EPS, que si bien es cierto son un elemento esencial de un sistema que sí funciona, deben reformarse para darle a los colombianos mayor calidad, cobertura y prontitud de la atención. No se trata de hacer un borrón y cuenta nueva en esta materia, pero sí, construir sobre lo construido y mejorar para seguir avanzando.