Es cuestión de honorabilidad
Pocos recuerdan, no les enseñaron o desconocen el significado de la palabra HONORABILIDAD, que deriva de la palabra HONORABLE y que tiene su origen en HONOR: cualidad moral que impulsa a una persona a actuar rectamente, cumpliendo su deber y de acuerdo con la moral.
Aquí se tiene por costumbre llamar honorable a quien tenga cierta dignidad, por ejemplo: “honorable congresista”; pues bien, se supone que hace un buen tiempo, ocupar un cargo público de las magnitudes de un congresista, merecía respeto y buena opinión por las cualidades que debían tenerse para llegar a serlo, cosa que a ciertos “padres de la patria” se les olvidó.
Resulta que el senador Alex Flórez, del Pacto Histórico, protagonizó una bochornosa situación que quedó registrada en un video en el que se le observa agrediendo verbalmente a un policía que intentaba mediar en una riña del congresista en Cartagena. El senador estaba borracho y quería ingresar con una acompañante al hotel a las 4 de la mañana, pero los empleados del lugar no se lo permitieron, lo que desató la furia de Flórez, quien una vez que llegó la policía los acusó de asesinos y trató de golpear a uno de los agentes. ¡Vergonzoso!
Esta no es la primera vez que el senador está inmerso en un escándalo; los ha tenido con choques de vehículos oficiales, casos de concusión y con hechos de contratación estatal. Vale aclarar que todo ha estado sujeto a investigación y que no ha sido condenado hasta el momento.
No obstante, el quid del asunto radica en que todos podemos cometer errores en el ámbito personal, nadie está exento de eso, sin embargo, no se puede dejar de lado que la dignidad que ostenta el s enador le exige unos parámetros de conducta que deben ser ejemplo para la sociedad. Pasa por alto también, que existe una delgada línea, casi invisible, que divide los roles de servidor público y el de la vida personal, y esa es la razón por la que, para la gente, siempre será el congresista.
Cometer equivocaciones es de humanos; se convierte en un problema cuando se vuelve una constante y lo peor, sin percatarse de ello. Bien lo dijo el médico español, Santiago Ramón: “Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia”
La cuestión es qu se debe tener absoluta claridad en que la reputación y la honorabilidad valen.