Sobre las marchas del 26 de septiembre
El pasado lunes se llevaron acabo en distintas ciudades del país, las marchas convocadas para protestar en contra las reformas que pretende hacer el presidente Petro en su Gobierno.
Me sorprendió el masivo acompañamiento con el que contaron las movilizaciones, pero sobre todo, el comportamiento pacifico y con respeto de sus asistentes, pues hubo una diferencia abismal con las marchas convocadas hace un tiempo cuando todo era caos, vandalismo y zozobra. De hecho, se reportaron pocos disturbios en algunas zonas en donde, quienes piensan diferente, salieron a increpar a los manifestantes.
Como ya es habitual en esta sociedad, no se hicieron esperar las reacciones de los sectores afines al gobierno que quisieron subestimar la protesta tildándola de poco nutrida o que solo se hacía por desacreditar al presidente, tanto así, que el senador Gustavo Bolívar propuso marchar para apoyar a Petro.
No obstante, este gobierno debe tener en cuenta varias cosas: la primera, es que no se puede olvidar que el triunfo en las elecciones fue muy reñido y por un margen no tan significativo, lo que implica que aún el país está dividido entre los que quieren al presidente y los que no. Incluso, solo bastó mes y medio para confirmar que quienes votaron por Rodolfo Hernández, en su mayoría, lo hicieron para que la izquierda no llegara al poder. Segunda, que se haya convocado una protesta en contra de lo que quiere hacer este gobierno a escasos mes y veintiún dias de su inicio, quiere decir que una buena parte de los colombianos no está de acuerdo con las iniciativas que se quieren adelantar y a eso hay que ponerle cuidado.
Ahora bien, en cuanto a las reformas, siento que muchas se han anunciado a la ligera y sin tener claridad sobre el alcance de las mismas, por ejemplo la reforma tributaria. Estoy de acuerdo que la inequidad que existe en este país es enorme, sin embargo, tal y cómo está planteada la reforma, golpearía aun más a la clase media, a los pequeños y medianos empresarios y también a las personas naturales; además creo, que hacer una reforma tributaria, sin que se haya aprobado el plan de desarrollo seria inoficioso, pues no se sabe concretamente, cual será la bitácora de vuelo del gobierno. Adicionalmente, la reforma tributaria no piensa en el contexto de lo que está sucediendo con nuestra economía, ya que está en un momento débil, que cuenta con una inflación del 9,1%, sumado a la inminente alza de los precios de la gasolina, entre otros factores.
Así las cosas, razón les asiste a los que al menos tienen a la reforma tributaria dentro de sus inconformidades, por cuanto es necesario que el gobierno y por ende el Congreso, le hagan los ajustes necesarios a la reforma para no hacer mas gravosa la situación actual y desde luego, no dejar de lado el clamor de la gente.