Coherencia
Hace unas semanas leí una columna del abogado José Adrián Monroy sobre el significado de la “honorabilidad”. Palabra que se acostumbra a preceder como muletilla cuando referimos un congresista o funcionario público de elección popular sin tenerse conocimiento del alcance de esta. Ser honorable es una cualidad de la moral, que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo; hace referencia a la gloria o buena reputación, que sigue a la virtud, al mérito o las acciones heroicas, la cual trasciende a las familias, personas y acciones mismas de quien se la granjea. Muchos se esfuerzan por alcanzar la probidad mientras otros luchan por una vida vil y despreciable. ¿Qué determina entonces el actuar humano?
Las acciones y comportamientos del ser humano pudieran no tener límite alguno, excepto por los mismos limites que impone el mismo ser humano y la misma sociedad. Dios ha llamado “libre albedrio” a la facultad del hombre para obrar según desee, independientemente de si sus decisiones son buenas o malas. Dios también hizo la aclaración a la humanidad que “todo está permitido, pero no todo es provechoso, no todo es constructivo, no todo nos conviene”.
Todos los seres humanos pensamos y actuamos de forma diferente. Cada individuo es un universo, único e irrepetible; sin embargo, hay rasgos y patrones que se repiten en grupos lo que ha permitido a través de la historia la unión en coherencia ideológica. Se ha demostrado científicamente que el comportamiento humano es el resultado de la interacción de condiciones bio-pisco-sociales; la herencia, familia, sociedad y ambiente en que se desarrolle un ser humano los primeros años de vida, indiscutiblemente definirán su personalidad y comportamiento. La ética, moral, principios, valores y creencias se van construyendo con el tiempo para determinar la visión y misión en nuestras vidas; son necesarias para la identidad individual.
Los humanos nos agrupamos según nuestros principios y/o ideas, las cuales se suponen deben ser bastante definidas para lograr coherencia en el actuar. Aparecen entonces diferentes ideologías como el anarquismo, conservadurismo, ecologismo, feminismo, liberalismo, relacionadas con la religión, con el socialismo, etc. La recopilación, asociación y aceptación de unos principios ideológicos, se suponen dan identidad a los partidos políticos y sus miembros. En el partido conservador, con el cual YO me identifico, manifiesta públicamente que son principios centrales entre otros: Dios es el centro del universo, la propiedad privada es un derecho natural y cumple una función social, la equidad y la justicia social reflejan la solidaridad y el amor cristiano, etc. En coherencia no podría haber un ateo conservador o un conservadurismo progresista.
Las ideas perduran en el tiempo. Las jefaturas son finitas y cortas.
La realidad en Colombia, y tal vez el mundo entero, es que los partidos políticos se prostituyeron; se apartaron de sus ideales y principios para volverse grupo de personas en busca de poder económico y político. Perdieron su visión y misión.
De Petro y Uribe admiro su coherencia. Son las dos únicas líneas ideológicas que existen actualmente en Colombia, aunque disten mucho de ser honorables. Los que no votamos por Petro no nos aterra su actuar que es en concordancia con lo expresado por él durante toda su vida pública. Pensar, sentir, hablar y actuar deben ser armónicos.
Tal vez debemos comenzar a utilizar “despreciable” y “vil” para referirnos a quienes hasta hoy hemos llamado “honorables”.