Ibagué concentrada
En la reciente entrega del Índice de Competitividad de Ciudades 2022, donde Ibagué no presenta avances significativos, contrario a la tendencia que se tenía en las dos ediciones anteriores no solamente se pudo evidenciar que durante el presente año se perdieron puestos en pilares como Instituciones y Entorno para los negocios, sino que dicha pérdida, entre otras, obedece a que no se tuvo un líder en la CRCI; durante todo el año la Comisión Regional de Competitividad e Innovación ha estado acéfala y así permanece. Urge un Director que continúe ejecutando la estrategia diseñada por Jorge Palomino o, por qué no, que Jorge regrese y siga aportando su experiencia y conocimiento para recuperar lo perdido y seguir avanzando. Para que Ibagué sea una ciudad más competitiva, se requiere una estructura de gobernanza de datos, que permita tener una lectura de los diferentes indicadores, de manera anticipada, para poder diseñar acciones de mejora previo a la evaluación; al no existir este sistema, hoy no se tiene la posibilidad presentar reclamaciones, pues no se puede saber quién reportó el dato, quién lo calculó o quién lo validó. Sumado a lo anterior, una ciudad competitiva requiere liderazgo colectivo, que no es otra cosa que tener visión conjunta de ciudad y trabajar en equipo para lograr el anhelado resultado; en Ibagué lo usual es que a cada sector o grupo le importa es su propio proyecto, careciendo la ciudad de líderes con un propósito común con el que todos vibren.
En el 2021 el Consejo Privado de Competitividad otorgó un reconocimiento a Ibagué por haber presentado, junto a Sincelejo, los mayores avances en el ranking general. El Entorno para los negocios y el pilar de Instituciones, fueron determinantes en este avance; curiosamente frente al pilar de Entorno para los negocios, que impacta directamente el desarrollo económico de la ciudad, se perdieron cuatro puestos quedando en el puesto 17 entre las 32 ciudades evaluadas. Aunque se pudo mejorar los dos años anteriores gracias a la gestión de Jorge Palomino como Director, el puntaje en este pilar decrece, a pesar de ocupar el segundo puesto a nivel nacional en facilitación de trámites, aspecto importantísimo que seguramente es producto de la implementación de la ventanilla única empresarial.
El Entorno para los negocios está compuesto por varios indicadores, siendo el índice de Herfindahl, uno de los más importantes y que permite conocer el grado de concentración de las empresas en el mercado, permitiendo determinar si estamos en un mercado competencia perfecta, un oligopolio o un monopolio; Bogotá es quien ostentó el primer puesto en este indicador, mientras que para el caso de Ibagué, ocupó uno de los últimos puestos en concentración del sector terciario; con un puntaje de 0,18, tenemos una concentración de empresas del sector terciario que significa estar frente a un oligopolio; en otras palabras, el índice de Herfindahl, es una medida del tamaño de las empresas en relación con la industria en la que se encuentran y es un indicador de la cantidad de competencia entre ellas.
En Ibagué está muy concentrado el mercado del sector terciario entre quienes tienen mayor participación de mercado y mayores ingresos operacionales, es decir, los de siempre siguen siendo los que crecen y reportan mayores ingresos y participación de mercado, con poco desarrollo y crecimiento de la mayoría de empresas pertenecientes al sector. Siendo que el 84% de nuestro tejido empresarial pertenece al sector terciario, la estrategia debería ir enfocada a desconcentrar esta participación y hallar condiciones para lograr el desarrollo y crecimiento de las empresas que componen el mismo. Con un aproximado de 20.500 empresas, es el sector que mayor participación tiene en la actividad empresarial de Ibagué y está compuesto por 16 ramas de actividad, siendo el 53% las que realizan actividades de Comercio al por mayor y al por menor, seguido por Alojamiento y servicios de comida que participan con el 13%. Si la mayoría de las empresas registradas en nuestra ciudad pertenecen al sector terciario y, la mitad desarrollan la actividad de Comercio al por mayor y al por menor, todos los esfuerzos deberían estar dirigidos a potencializar las empresas que pertenecen a este sector, de tal forma que se pueda garantizar una mejor y sana competencia y los ingresos no se queden en unos pocos que suelen ser los mismos de siempre.
La Cámara de Comercio de Ibagué es un actor fundamental y debe liderar, junto con quien llegue a la dirección de la CRCI, la tarea de desconcentrar el sector terciario. Los estudios ya seguramente se tienen y los planes dirigidos a los demás sectores no son excluyentes con la necesidad de enfocar acciones dirigidas a desconcentrar el sector y tener una mirada global e integral que permita apoyar estas empresas en su crecimiento. La falta de conocimiento en estos temas inhibe la posibilidad de aportar soluciones y lo que se puede notar, es la ejecución de planes que apuntan a indicadores sueltos pero que no se integran con nada. A todas luces se requiere mayor profesionalismo y personas competentes en los entes gremiales que sean capaces de movilizar temas de ciudad y pasar de gestionar agendas particulares a visiones compartidas de ciudad, atendiendo a lo que mayor impacto y desarrollo genere. No nos podemos acostumbrar a navegar entre la mediocridad y a retroceder cada vez que se logre algún avance.