Llamado a la sociedad civil
El pasado 9 de diciembre día internacional contra la corrupción se evidenció que son 2,6 billones de dólares lo que este flagelo le cuesta al mundo y que en Colombia supera los 50 billones de pesos año. Esto hace necesario un llamado a la sociedad civil, voluntarios y comunitarios, ONGs, estudiantes, tenderos, microempresarios, medios de comunicación y personas de bien, para ejercer controles al fisco y bienes públicos.
La probidad, debe ser una condición inherente al servidor publico. Pues debería ser la honradez de sus acciones la carta de presentación y su palabra la garantía que honrará por siempre el erario y todos los bienes a su cargo, que no robará ni dejará robar, que no dispondrá dolosamente del presupuesto público y que nunca se dejará llevar por tentáculos de la corrupción, que mantendrá la trasparencia en todos sus actos y que permitirá siempre la ayuda comunitaria en su vigilancia.
Según Transparencia Internacional, 39/100 es el puntaje de percepción del nivel de corrupción en el sector público colombiano, muy lejos de la puntuación media de América y cada vez más cerca a sistemas corruptos como el venezolano y haitiano. Así Colombia queda mal ranqueada y especialmente muchos de sus municipios que no tienen Dios ni Ley, y han servido como escenario para ejercicio de robar y robar, y convertir a ex funcionarios públicos en los nuevos ricos del pueblo.
Actos de corrupción política que mantienen a Colombia con tasas de pobreza del 39,2% y al Tolima con un desempleo en su capital del 17,5% y una informalidad superior al56%. Es que en el Tolima ya quedan pocas opciones para sobrevivir debido al poco empleo que genera la dinámica económica local. Aquí se ingresa al ejercito de contratistas públicos controlado por el Altísimo o se dedica al rebusque por cuenta propia como lo hacen ya 70.000 micronegocios de subsistencia y supervivencia.
Por ello, el día que la economía comunitaria se organice y decida romper las cadenas de la corrupción pública, será otro el destino de nuestra región y otros los que administren los presupuestos gubernamentales. Es que estas estructuras perversas de la política, controlan desde una cita medica hasta un subsidio de vivienda, hipotecando por fuerza mayor la conciencia social y favores políticos. Es así y solo así, que logran mantener su hegemonía y afianzar su poder, pero es mas grave aun cuando esa avaricia los confabula con privados para ejecutar planes ilícitos contra la administración pública.
La democracia se ve amenazada en la medida que la corrupción se empodera de regiones e implica muchas veces excluirlas de proyectos nacionales, solo para ser manejadas al antojo de sus dirigentes.
Difícil cuantificar y complejo dimensionar el daño que causa la corrupción, pero la vemos mirando las deterioradas vías que llevan a pueblos y veredas, o cuando fijamos la mirada en escuelas y hospitales municipales que en el mejor de los casos parecen puestos de salud. Pero lo más difícil es denunciar y enjuiciar cuando el desamparo de quien se atreve es total, y además se expone a retaliaciones y desamparo judicial cuando difícilmente encuentra pruebas en ese mar de dudas y sombras de corrupción.
La trasparencia es como la sal, solo se nota cuando no está, y la cultura de la trasparencia la guía permanente para vivir de acuerdo al bien común.