Las remesas, inmenso renglón económico para el Tolima
Han sido reiterativos en la historia; de hecho, uno de los más recordados corresponde a la diáspora del pueblo judío de Palestina y lo que significó su éxodo por toda Europa, inicialmente. A raíz de lo anterior, el concepto de diáspora inicialmente es aplicable al pueblo judío, actualmente es asociado a todo evento de salida de ciudadanos de su país de origen hacia otros horizontes, huyendo de condiciones de hambre, segregación, falta de oportunidades o violencia. Por muchas de estas causas millares de irlandeses e italianos emigraron a Estados Unidos a finales del siglo XIX, otro tanto de mayores proporciones al final de la primera y segunda guerra mundial.
Diásporas masivas contadas en millones como las generadas en países como India, México, Rusia, China, Siria, Bangladesh, Pakistán, Afganistán, Cuba y recientemente Venezuela con más de 7 millones de habitantes, así como una enorme cantidad del pueblo ucraniano que se despliega por Europa central, demuestran una problemática vigente y de enormes repercusiones en todos los campos.
Gran parte de ese flujo migratorio se correlaciona con la búsqueda de estándares de vida más altos y de economías más estables, de ahí que los países mayores receptores de esas diásporas son: Estados Unidos, Canadá, Suiza, Alemania, Arabia Saudita, Reino Unido, Francia, España y Australia, entre otros. Un factor clave asociado a esta dispersión poblacional, se encuentra justamente en el envío de remesas que envían a sus familiares en los países de origen quienes logran llegar y asentarse en estos países prósperos, por ejemplo, desde Estados Unidos se envían remesas por más de US$68.000 millones, US$43.200 millones de Emiratos Árabes, US$27.960 millones de Suiza o US$22.000 millones de Alemania, por mencionar solo algunos casos.
En nuestro país el nivel de remesas alcanzo más de US$10.981 millones en el 2022, la cifra más alta por este concepto en toda la historia de Colombia, siendo las zonas con mayor captación de remesas el Valle del Cauca con US$1.991 millones y en segundo término Antioquia y Cundinamarca con algo más del 17% del total, incluso en nuestro Departamento del Tolima, las remesas pasaron de US$55 millones en el 2012 a más de US$355 millones al final de la vigencia 2021, procediendo la mayor parte de estas remesas de Estados Unidos y en menor proporción de España y Chile; obviamente esta circunstancia especial de potencialización del envío de remesas al país, se debe al enorme incremento de la diáspora de Colombianos al exterior.
Es de tal magnitud la importancia de los ingresos por remesas que en nuestro país representan el 2.5% del PIB, superando incluso los ingresos que la nación percibe por conceptos como exportaciones de café, oro, flores, bananos, azúcar o productos químicos, viéndose escasamente superada por los recursos provenientes de la explotación de petróleo y carbón.
En el caso del Tolima, los ingresos por remesas superan con creces las exportaciones totales del departamento, convirtiéndose en un enorme alivio a la situación financiera de los hogares de la región que cuentan con familiares en el exterior.
La sumatoria de las exportaciones totales del Tolima para el año 2020 fue de U$70 millones y el ingreso por concepto de remesas fue de U$242 millones; para el año año 2021 mientras las exportaciones fueron por U$ 65 millones, el envío de remesas supero los U$355 millones (DÓLARES); situación que demuestra como las remesas (que no son otra cosas que divisas), superan en 5,4 veces las exportaciones del Tolima, lo anterior demuestra que exportar capital humano con formación y capacitación pertinente puede ser una gran oportunidad para muchos.
Si bien es cierto que más del 70% de la destinación de los recursos por remesas está enfocado en cubrir los gastos básicos de los hogares, en el Tolima y en general en todo el país, las remesas deben ser fuentes de generación de estructura productiva, como capital semilla de emprendimientos locales o de inversión en proyectos de finca raíz, entre otros, lo anterior con el objeto de que el capital proveniente de las remesas no sea exclusivo para atender gastos de consumo, sino como fuente de inversión dinamizadora de desarrollo.