Del pesimismo a la Ibagué soñada
A medida que pasan los años pareciera que una parte de Ibagué se quedó estancada en el tiempo, no hay una sola vía nueva después de haberse construido la avenida del Ferrocarril, no hay una sola arteria principal que no presente congestión, la carrera quinta, la avenida Ambala, la Guabinal, la calle 60 y el sector de Mirolindo, cada día se convierten en un calvario en aspectos de movilidad, los embotellamientos son una constante sin solución. Se suma a esta problemática la cantidad de calles dentro de los barrios que se encuentran totalmente abandonadas y en pésimas condiciones.
De administración en administración se han tirado la pelota por décadas sin soluciones claras en la infraestructura local, la calle 103, una vía fundamental para descongestionar la zona nororiental de la ciudad lleva 20 años de haber sido planteada sin mayor ejecución; el viaducto de la calle 60 que debería descongestionar la vía más comercial de la ciudad, se ha contemplado como una solución vial primordial desde el 2005, ya hace 18 años y aún no pasa nada; caso similar al mentado puente de la calle 94 para mejorar la conectividad entre el Salado, la zona del Jardín y la ciudadela Simón bolívar, proyecto que solo se quedó en mención; peor aún es el proyecto de la carrera 13 (avenida circunvalar de Ibagué) del cual todas las alcaldías hablan y prometen desde hace 25 años como una ruta de oxigenación para la zona de mayor proyección urbana entre la comuna siete (7) sector Salado, hasta Calambeo. Sin lugar a duda los costos de inversión de estas obras de infraestructura no caben en la cabeza de aquellos que se han acostumbrado a vivir en medio del subdesarrollo y él no se puede.
A lo anterior se suma que cada proyecto vial debe contar con el aval del IBAL, para garantizar la cobertura de acueducto y alcantarillado en cada zona a intervenir, esto ha hecho que muchas obras queden en veremos, porque particularmente la inversión en toda la red hídrica puede incluso ser mayor a la que se requiere en la capa asfáltica, por supuesto esto aunado al atraso de más de 30 o 40 años, en el cambio o modernización de las redes de acueducto y alcantarillado. Ahora que decir del proyecto estrella (no sabemos si estrella o estrellado) que desde la alcaldía de Álvaro Ramírez Q.E.P.D (1995 – 1997), se planteó como la solución para garantizar el suministro de agua para cerca de 6 comunas en Ibagué, como lo es el famosísimo acueducto complementario, sobre el cual se han contratado estudios desde hace más de28 años y del que aparte de tener un inmenso tanque de agua almacenado, no se cuenta con nada concreto, más allá de las promesas de las administraciones municipales y el IBAL de iniciar obra en el presente año, amanecerá y veremos.
A la ciudad se le fueron incorporando proyectos de vivienda en diferentes zonas, sin planificación urbana seria, sin certezas de suministros de agua y demás servicios básicos, esto a causa del pésimo Plan de Ordenamiento Territorial “POT” de Ibagué, plan que además de estar mal visionado, diseñado e implementado, ha sido una rueda suelta que ha impedido organizar las actividades urbanas, comerciales, industriales y de servicios, por lo que la ciudad luce desordenada en términos de planeación y espacio público, lo que genera sensaciones de negativismo en la ciudadanía y falta de sentido de pertenencia de los habitantes. El principal objetivo del próximo alcalde radica en ordenar la ciudad a partir de las vocaciones económicas, generando las condiciones necesarias que permitan el desarrollo de las zonas y equipamientos productivos necesarios para la generación de empleo. No se pueden seguir construyendo unidades de vivienda para miles y miles de familias sin planear cual será la sostenibilidad económica para esa población.
La falta de liderazgo político y empresarial, la ausencia de visión de futuro y una total incapacidad ejecutora en proyectos de infraestructura, han hecho que los ibaguereños pierdan la capacidad de soñar y que reine la apatía y la desazón. Más que políticos de coyuntura, necesitamos de líderes creíbles que nos inviten a soñar con realidades y un sector empresarial que se desprenda de las luchas intestinas por los poderes gremiales y se centre en trabajar de la mano del estado y la academia, por una Ibagué soñada, la que todos queremos.