Altura en el debate
Como sabemos, la política es dinámica y cambiante, muchos de los precandidatos que hoy asoman la cabeza tratando de olfatear el poder avanzan conforme a las posibilidades de las coyunturas políticas. Mientras algunos tratan de buscar el aval de aquellos partidos que representan cierta fortaleza en su entorno territorial, otros andan afanados recogiendo firmas para postular su nombre mediante este mecanismo constitucional.
Algunos que saltaron al ruedo con anticipación ya toman ventaja pues además de contar con reconocimiento, simpatía y credibilidad entre los potenciales electores, tienen estructuras políticas maduras y bien organizadas. Otros que apenas se están iniciando en esta difícil tarea aun no saben y ni se imaginan lo que está por venir: días interminables alejados por completo de sus familias, viajes por terrenos difíciles, reuniones imprevistas, agendas de trabajo en las que los ciudadanos piden cosas casi que imposibles de cumplir, mercaderes de la política prometiendo votos, gastos económicos abismales cada día más difíciles de sostener y muchas otras eventualidades que harán más difícil la campaña. Hasta acá la primera parte, la de la mecánica política, quizá la más compleja en el ejercicio político y electoral, mejor dicho, la que define una elección y donde prácticamente se pierde o se gana.
Ahora entremos en la esfera de lo programático, lo esencial, la razón de ser de la democracia, el momento en el que el discurso toma vida en medio del debate político para expresar al pueblo la propuesta o programa de gobierno que muestre los programas o proyectos estratégicos enfocados en el desarrollo económico, empleo, servicios, infraestructura o seguridad. Cada cual escoge cuál será su propuesta central o caballito de batalla de acuerdo con las necesidades de la comunidad. Lastimosamente es en esta etapa donde nacen las falsas promesas, la demagogia y las mentiras. Es acá donde muchos candidatos desdibujan la democracia a partir de retahílas sin sentido que dicen a los electores lo que quieren escuchar sin importar la viabilidad o factibilidad de las promesas.
Altura en el debate es lo que esperamos los colombianos. El debate político en las regiones no puede perder el sentido propositivo expresado en las propuestas y programas de gobierno. No se puede perder el sentido del debate en medio de maquiavélicas estrategias orientadas a opacar al otro a partir de falsedades y mentiras, lamentable situación cuando la política se hace en medio de la diatriba y las únicas armas que se tienen para obtener votos están basadas en el desprestigio sin medir las circunstancias de negativismo, odio y rencor que se generan en la gente.
Como ciudadanos debemos reclamar y exigir altura en el debate, programas de gobierno con propuestas serias y realizables en materia social, económica, competitiva y ambiental. La situación del país y de los territorios (departamentos o municipios) no está para improvisaciones ni para experimentos políticos de baja monta. Los colombianos de bien reclamamos ejercicios democráticos legítimos y candidatos con propuestas serias y esperanzadoras.