El circo
Lamento volverme monotemático, pues mis últimos escritos han estado dirigidos a todo lo qué pasa alrededor del presidente Petro pero no da para menos, cada día que pasa es causa de escándalo, controversia, polémica o debate; por lo que dice, por lo que hace, por lo que pasa en su gobierno, con su familia, etc.
El de esta semana, va por cuenta de lo que dijo en su periplo por España, que como era de esperarse, causó alboroto tanto aquí como allá. No quiero ahondar en lo que dijo ante el Rey y el jefe de gobierno o el hecho de que los parlamentarios del partido Vox se salieran del recinto al momento de anunciar a Petro para dar unas palabras.
Quiero referirme a la vergonzosa confrontación del presidente con el Fiscal General de la Nación, situación que denota el circo en el que se ha convertido el panorama político y administrativo del país. Aunque la discusión es clara, en el sentido de que evidentemente el presidente NO es el fefe del fiscal; que el presidente lo dijera y la sobreactuada respuesta del fiscal, sí tiene mucha tela de donde cortar.
En primer lugar, es indispensable recordarle al fiscal General de la Nación que él no es un actor político y mucho menos el portavoz oficial de la oposición, de hecho, lo que representa su investidura va mas allá de eso, por lo que supone, de él se espera un actuar mesurado, equilibrado, ecuánime, que le dé garantías a todo el país, incluso al presidente, ya que él, es quien dirige la institución que según el articulo 250 de la Constitución Nacional tiene el ejercicio de la acción penal, de poder investigar todo y a todos; por lo tanto, esas pataletas le restan credibilidad y peor aún legitimidad para la toma de decisiones, que no son pocas y de gran trascendencia.
Es tal la repercusión de lo que pasó, que el hijo del presidente, que anda involucrado en un lío de tamañas proporciones, ya salió a cuestionar la idoneidad del Fiscal y falta de garantías para su proceso. En eso terminan esa clase de “peleitas”, en que se pierda la autoridad necesaria para tratar de impartir justicia en una sociedad tan complicada como la nuestra.
En cuanto al presidente Petro, ya sabemos en qué anda, está obnubilado y embelesado con las mieles del poder, actúa como el dueño de la verdad revelada, creyéndose el principio y el fin de todas las cosas; su forma de gobernar, ha profundizado la polarización del pueblo colombiano y con sus palabras, ha demostrado que le importa poco la institucionalidad, la división de poderes y la estabilidad del Estado. Esto se volvió un circo, en donde por desgracia, somos los pálidos espectadores.